lunes, 13 de julio de 2009

LA TRISTEZA

La tristeza no es besar sin querer,
sino sin expectativa.
La tristeza nos da confianza
puesto que nos desblinda, nos descerraja.
La tristeza no es no ser como Goldfinger,
sino sentirte él en muchas ocasiones
y escuchar que los demás ríen tus bromas
sólo si están en boca de otros.
La tristeza es Bruce Springsteen cantando solo
o acompañado.
La tristeza es verte reflejado más feo
o, peor, más guapo y no reconocerte.
La tristeza es saber que tras de este abrazo
habrá mil miradas al suelo,
una puerta de acero llamada carácter
y no me importa nada mientras te destrozas
porque te importaba.
La tristeza es bailar siempre sin pareja
o con pareja ajena
o con pareja sin nombre.
La tristeza no es darse cabezazos contra la realidad,
es la realidad que se te regala como una odalisca de saldo.
La tristeza es el que te pide una caricia de limosna
y tú llevas guantes de hierro hace tiempo,
tu cara de circunstancia.
La tristeza es soñar despierto a tres semanas vista
con un toque de pestañas, ojo a ojo,
con la cosa más pura y sustancial que pueda concebirse
y saber que no saldrá como lo habías planeado y, sin embargo,
no dejar de planearlo, por si acaso.
La tristeza no es saber que ocupas muy poco espacio en la tierra,
sino entender que tus pocos gramos los dedicarás a amar
sin que se entere
a una humanidad demasiado ahíta
y saber que dejarás peso y pulmones
y que de ti quedará poco más que un charco breve.
La tristeza que te ha preguntado tantas veces
por qué te torturas, con lo fácil que es olvidarse,
luchar es de cobardes, ya lo sabes, ya lo has probado casi todo.
La tristeza no es lo mismo que el amor,
pero se le parece,
podría ser su principio, su final o su placebo
y en esto último
es en lo que más años llevo creyendo.

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