viernes, 24 de julio de 2009

Un pispás y una aguja
en la catedral de Uppsala,
inconsciente de su belleza fónica.
Algo así como ser tan siglo 21,
tan siglo equis equis ele,
y orgulloso aunque confuso.
Ser feliz
por estar vivo,
ser desgraciado
y otro tanto de cosas imposibles
por las que uno podría
y debiera
suicidarse,
pero no
porque en descubrir cómo hacer no sonar las palabras
se puede pasar lo mejor de la vida
y eso
no tiene precio.

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