martes, 4 de agosto de 2009

LA IMAGEN FRENTE A LA LETRA EN EL POPOL VUH



En la cultura maya la escritura estaba basada los signos logográficos. Se trataba de dibujos, normalmente tallados en piedra u otros materiales consistentes, que representaban un concepto. Por otro lado, esta cultura contaba con múltiples representaciones escultóricas de dioses, jefes y costumbres con las que expresaban sus creencias e ideología. Así pues, en cierta forma, los relatos de tradición oral
estaban “escritos” en estas obras de arte. De las historias que cuenta el Popol Vuh (relato de los orígenes del pueblo maya-quiché) que fue trasmitido oralmente, también han quedado imágenes esculpidas o talladas en cortezas de árboles. Estos dibujos eran una ayuda memotécnica para quienes después narraban los hechos.
En Europa, sin embargo, el concepto “libro” llevaba muchos siglos funcionando y la invención de la imprenta lo revoluciona hasta ser el objeto que conocemos hoy.
La llegada de los europeos a América cambia el modo de entender la transmisión cultural. La llamada cultura occidental identificaba la cultura con lo que estaba escrito en caracteres latinos y en un libro impreso. de ahí que lo que llamamos Historia comience con la escritura. Esta cultura del papel, donde las palabras están asentadas y fijadas contrasta con la otra, una cultura lítica que representaba sus historias con iconos y que cantaría sus relatos de forma variable (ya que la oralidad se presta a la variación) Material fuerte e historia mutable frente a material frágil e historia inalterable.
Cuando Francisco Jiménez transcribe el Popol Vuh da un salto cualitativo enorme: el texto ha pasado de ser oral y basado en pequeñas representaciones artísticas a estar escrito con caracteres latinos. El último paso es la traducción al español. Esta labor de transcripción y traducción ha permitido que hoy día podamos descubrir esta mitología maya, pero ¿hasta qué punto no ha quedado desvirtuada al pasar por los filtros lingüísticos europeos? ¿Es posible traducir una estela con un Bacab[1] y una inscripción glífica en el relato de la mitología maya-quiché? Y, además, no sólo la lengua del conquistador, sino también su mentalidad, interfieren en la variable (y por tanto inasible) historia del Popol Vuh.

A Francisco Jiménez lo ayudaron indios cristianizados y su conocimiento de las leguas indígenas. Preguntando a los pobladores de la zona, éstos pudieron contarle los relatos literarios, mitológicos e históricos del Popol Vuh. Pero tratándose de un relato oral ¿qué versión escribió Jiménez? Y surge otra duda ¿cómo transcribir la historia de un pueblo que no tiene alfabeto?

A Francisco Jiménez lo ayudaron indios cristianizados y su conocimiento de las leguas indígenas. Preguntando a los pobladores de la zona, éstos pudieron contarle los relatos literarios, mitológicos e históricos del Popol Vuh. Pero tratándose de un relato oral ¿qué versión escribió Jiménez? Y surge otra duda ¿cómo transcribir la historia de un pueblo que no tiene alfabeto?
Comparando ambas manifestaciones literarias (los logogramas y un libro del siglo XVI como puede serlo La Araucana) se pueden apreciar las diferencias entre ambas a simple vista, pero, además de estas diferencias físicas, es fácil imaginar la diferente lectura que se haría de una y de otra. En un libro la historia permanece estática y la lectura es siempre la misma mientras que una sucesión de dibujos no es igual nunca. La transcripción del Popol Vuh lo fijó precisamente porque se le quitó la imagen, que era el elemento que daba pie a la narración pero no estorbaba a la hora de contarla.
La cultura maya otorgaba más valor a la imagen (incluso los dibujos que hacían en su cuerpo permitían que se identificaran entre ellos, como se cuenta en la Historia verdadera de Bernal Díaz del Castillo donde un español se ha hecho tatuajes en la piel para confundirse con los indios y vivir entre ellos) pero en la cultura occidental toda la Historia había sido narrada con palabras escritas.

Pero una vez expuestas estas diferencias no hemos de olvidar una parte común que tenían ambas culturas: el apoyo en imágenes no es exclusivo de las culturas indígenas. Si observamos una catedral románica estamos asistiendo a auténticos logogramas en capiteles y retablos. Los mitos religiosos europeos han sido tallados, esculpidos y pintados en todos los edificios dedicados al culto. El mismo Códice de Tudela presenta la visión europea en imágenes de la cultura azteca, ya que los comentarios españoles no serían nunca suficientes sin los dibujos de los dioses, plantas, costumbres.
La diferencia la encontramos en que en Europa sí había un libro escrito que guiaba al arte: la Biblia. De hecho, Francisco Jiménez sintió tal simpatía por el Popol Vuh por su gran parecido con el Génesis bíblico. Así, la imagen europea está sirviendo al libro, mientras que la imagen americana es el libro.
[1] Los Bacabs eran los dioses que sujetaban la bóveda celeste


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