domingo, 23 de agosto de 2009

Que no es trágica la ausencia,
ni la muerte es trágica.
Es trágico el suspenso
de las cosas básicas que quedan.
No sería raro que la puerta
mucho tiempo después de muerta yo
siguiera abriéndose y dando un portazo de ira.
Y tampoco pienso en la muerte absoluta y vacía
de los recuerdos, ni en la mesa polvorienta,
pero si en la carta que no tiene ida ni vuelta.
No son los muertos, no, los que quedan inertes entre las cosas,
sino las cosas, que dejan de creerte,
las que se paran. Tú sigues
tu camino día a día. Poco cambia.
Pero el libro se niega a pasar la página.

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