viernes, 25 de septiembre de 2009



Como en un mundo de armonía renacentista sin sorpresas
tú juegas a crearme una perfección que yo no busco.
Sé que estoy atrapada entre tomo y tomo
y me ciño a las palabras que conozco,
pero me atraen los carnavales en la última cena,
y reflejo la angustia infinitas veces
sin romper nunca el espejo que lo inventa.
Bordeo cada línea, mezclando y combinando,
podré estar paranoica, pero estoy en forma.
No voy a pagar mi rescate, no creas,
cuando lo manejas
resulta divertido.
Esto de caer y levantarse
me parece que se llama...
no me lo digas, lo miré en la enciclopedia el otro día,
sí, se llama vida.
No, por favor, no me des lecciones
sólo cuéntame qué es lo que haces para inventarte una mañana,
qué vas a regalarle al mundo cuando te marches
o si prefieres ser anónimo caminante.
También es agradable pegar saltos de alegría cuando todo encaja,
pero es tan improbable que eso pase
que me conformo con acariciar la idea del fracaso itinerante.
No quiero saber más:
calma, espacios saludables,
recuperación intensiva.

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