miércoles, 16 de septiembre de 2009

NEOLÍTICO

Fui una pequeña
litificada con risas.
Fui a disgusto y siempre sola.
Fui juegos y personificaciones de cosas.
Fui insomnio.

En el principio
la piedra no era piedra. No existía
el granito, ni el sílex, ni mineral alguno.
Todo era aire o vida,
venas, pan.
Y la piedra un día
plantó su discordia.

Fui creciendo sólo en cuerpo. Quise
palabras, obtuve ruido. Quise
silencio, gané oscuros. Quise
buscar, conseguí malos pensamientos.
Y todo en mí se fue calcificando.

La piedra nueva construyó cuerpos
indestructibles y perfectos.
Inmortales cuerpos de roca
que dejaron obsoletas a las córneas blandas y miopes.
El cielo era gris primario,
el suelo blanco.
Todo por hacer,
todo acabado.

Me ofrecieron amor,
lo rechacé orgullosa,
pues supe desde los pies
que no iba a ser para siempre
y eterno significa mucho para un monte.
Picoteaba en grupos de dos o tres
y practiqué la conversación monológica.
La lluvia erosionaba algunas ruinas.

Fue nacida la piedra, nadie
sabe su origen verdadero, nadie
se lo preguntó nunca.
Era algo que estaba y era
necesitado más que amado
y existían solo dos o tres esencias,
pero el polvo dio matices
y amor no era lo que habíamos creído
y tuvo muchos nombres.

Me perdí un poco a cada rato
dejándome caer cual gelatina.
El martillo no pudo conmigo,
me vencieron las miradas, las caricias.

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