domingo, 6 de septiembre de 2009

Sí, por favor, siéntate, vamos, entra.
Y aquí estamos tú y yo ahora,
separados por diez años y una mesa.
Yo fui como tú, tuve tu miedo y tu desvergüenza,
también llevé las manos sucias
y olía a sudor y chocolate.
Pero, dime, ¿qué haremos de tu futuro?
No desconfíes tan pronto del plural, no es una treta.
Eres tú el que lleva el peso,
pero mi piel se regenera dándotela.
No está tan lejos tu mañana, hoy puede que no lo veas. Escucha,
cuando salgas por la puerta debes ser otro.
Y aquí estamos tú y yo ahora,
yo intentando hablarte de persona a persona, tú
secándote la mente y mirándote triste las piernas.
Yo sufrí lo que tú sufres y lo sufro
y me pierdo por cada uno que no llega.
Te empujaría, te regaría, te extraería de tu cápsula de piedra.
Pero, gracias, puedes irte:
no eres hijo mío y yo no soy Yerma.

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