martes, 6 de octubre de 2009

I.M.P.

Demasiado apegado
a su naturaleza animal
tiene que comer y dormir,
sufre si no respira,
enferma de los pulmones,
se vuelve loco.
Y entonces,
en una cierta resaca un viernes por la mañana,
(son los jueves unos días extraños)
recordará a un niño de cara redonda
que le sonríe desde la última fila
sin que pueda ir y darle un abrazo.
Guarda su amor para más tarde.

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