viernes, 2 de octubre de 2009


Si me concentro,
si fijo la mirada en un punto de la calle,
puedo volver a la sensación X de infancia
o viajar de barrio real a barrio ficticio,
recordar el álamo, negro para más señas,
que crecía en el colegio
porque veo otro idéntico.
Y entonces la imagen cambia,
ya la calle no es la calle, sino aquella otra
donde todo era burbuja.
Si me despisto
el hechizo se rompe
y vuelvo a lo que, se supone, me rodea
y las cosas son fecha de hoy,
nuevos matices, pero más feos
porque todo lo que se recuerda
queda patinado de belleza.

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