viernes, 22 de enero de 2010

DIME QUE SÍ (argumentos a favor de aquella pregunta que te hice)

No te faltarán nunca emociones,
no puedo asegurar que todas sean buenas.
Un amor incondicional que se pierde y se distrae
como los cachorros jóvenes
que caminan detrás del primero que pasa,
pero, ya domesticada,
vuelvo siempre a casa a darnos de comer.
Una cantidad innumera
de conocimientos inútiles y bellos
que te harán sentir humano,
siempre un semitono más alto
que la mediocridad circundante.
Ojos grandes, oídos atentos, piernas hasta el suelo.
Ni un enfado
¿no me sale cada vez mejor?
Pruebas irrefutables de tu talento,
no sé lo que haces, pero lo haces bien.
Diversión y locura,
sábados noche, domingos mañana.
Sorpresas, grandes y buenas sorpresas,
montones de cosas que no te esperas
y aún sólo estás descubriendo.
Un mañana siempre nuevo,
calor frente al frío,
sonrisas, saltos mortales.
¿Y reírme de tus chistes
incluso de los malos?
Respetar cada silencio y pensamiento de los tuyos,
informes detallados cada hora de los míos,
empatía absoluta,
comprensión absoluta,
identificación absoluta.
Preguntas inocentes sobre temas aburridos
que a ti te gusta enseñarme
aunque sabes que no me importan.
Una mano en tu frente
para cuidar tu fiebre y tus sueños.
Una palabra tuya
que me devuelve la luz.
No te faltarán nunca emociones,
no puedo asegurar que todas sean buenas,
pero a vida no me gana nadie.
Entonces,
di que sí.

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