miércoles, 18 de noviembre de 2009

PARA TENERME



De entrada hay un problema

en la afirmación que precede

y es que para tenerme
no hay que tenerme nada.

Dejando a un lado esto

por vacuo y por ambiguo
digamos que preciso
a alguien misterioso

que no se deje nada en el tintero

y, aún así, siga rodeado

de un halo de silencio,
silencio y alaridos.

Quien quiera estar conmigo
debe ser muy paciente,

soportar idas y venidas,

desmanes y diretes
y mil cambios de humor
y ni un aviso previo,
acosos de la mente
y de los nervios ópticos,

charlas que no descansan,

parloteo supuestamente inteligente.
Será experto en oxígeno

y en otros elementos,

sorprenderá, deslumbrará,
pero la humildad también será su mérito.

Me tiene que enseñar

a ser mejor persona,
no he aprendido aún

y ya va siendo tarde.

No puede rendirse
a mis capitulaciones,

sabrá discutir lento,

habrá de entender
mi toque de infancia siempre nueva.

No ofrezco mucho a cambio,

tampoco tengo nada,

algún vestido estrecho,

una lengua muy larga
que no se calla nunca,

poemas sin sentido
que no recuerdo a tiempo,

y mucho tempus fugit, carpe diem, dies irae.

No hay comentarios: