martes, 30 de junio de 2009

Qué sed me da
si tu frase se queda a medias
y ésta era una petición
y a eso voy. Busco asilo
y no acabas de atreverte
a concederme un hueco. Es muy posible,
y eso me consuela, que no sea cuestión de desapego
sino más bien miedo a ese compromiso sui generis que inventé por ti.
Y llega inevitable el final de los días
y no haces nada para recordarme tu presencia
de lo que deduzco que no te interesa
por mucho interés que muestres.
Ya sé, no puedo pedirte un sacrificio
y debería dejar este teatro del absurdo
y ser más consecuente. Pero es que algunas veces
digo yo que podrías limosnarme,
hacer una excepción precisamente por ser yo.
Entonces no tendría que confabular contra todas las circunstancias
porque habrías desequilibrado la balanza
poniendo algo de tu parte.
No cuides mi integridad, que está perdida,
y dale sentido a mi tiempo.
Y cualquier fin de semana
invítame a tu vida.

lunes, 29 de junio de 2009

CANTOS RODADOS (VII)

19. A veces, el arte no es bastante, pero, normalmente, la vida no es suficiente.

20. No es tan importante la capacidad para asombrar siempre, sino la de asombrarse todavía.

21. Existen seres humanos low cost: con ellos ni valen reclamaciones, ni se puede dejar de admirar su tarjeta de fidelidad.

domingo, 28 de junio de 2009

Hasta ti,
nunca había estado en los lugares remotos y cercanos
de una existencia que, ¡cielos!,
estaba ahí, tan a mi alcance.
Hasta que tú,
no había podido extraer del sarcófago de mi cuerpo
esto tan mío que se asusta de ser tan propio.
Hasta tus horas,
me había imaginado la vida adulta
como algo parecido a esto:
un poco de glamour
envuelto en la sencillez del día a día,
y resultó ser cierto de tu mano,
cicerone de mi vida.
Así que, gracias por hoy,
creo que mañana podré caminar sola
y enseñarme a mí misma
lo que tú me das dado.

sábado, 27 de junio de 2009

UN PROFESIONAL

Aquello estaba tranquilo como burdel al mediodía. Aún así no se inquietó porque en sus tres años de manifestante profesional había aprendido que, a veces, las masas se hacían esperar.

Después de haber estado trabajando doce años como detective de novela negra aún sentía emociones encontradas al verse rodeado del pueblo: cierto reparo solitario unido al asco producido por el deseo de comunión. Pudo comprobar que los cursos previos de formación, si bien no eran del todo aplicables a los eventos reales, sí tenían su parte de razón al afirmar que el objetivo de hacerse unidad creaba vértigo y, en la mayoría de los casos, afición y sudor. En sus años de detective de novela negra todo era muy distinto, su horario nocturno, fumar a todas horas, su soledad, su trágico vivir y el resto de topoi del detective de novela negra. Tuvo que abandonar el trabajo por mucho que su autor le rogó que no lo dejara tirado sin inspiración. Pero no pudo continuar esa clase de vida asentimental. Pero toda profesión deforma y de Bogart le había quedado un sabor a humo en la cara y un pánico a los semejantes que ahora, como manifestante, empezaba a transformarse en un almíbar dulzón, pegajoso y terne.

Y allí estaba ahora, esperando a que comenzara la manifestación. Normalmente, no conocía el motivo ni la tendencia del acto hasta que no encontraba a algunos de sus colegas (ya fueran profesionales o amateurs) En la oficina sólo le daban la dirección, la fecha y la hora. Esta imprecisión ya le había ocasionado algún poblema, pues no se puede acudir a la manifestación a favor de la mantequilla vestido de girasol, ni al acto conmemorativo contra los neumáticos de caucho con un traje de mariachi. Toda esta casuística venía en su manual que, ya olvidado, tenía guardado en algún cajón de sus escritorio. A sus cincuenta años, el instinto le ayudaba más, a pesar del caso de los girasoles (todavía su rodilla se resentía del adoquinazo de mantequilla dura) Los días previos al evento olfateaba el ambiente, sopesaba reacciones para intentar adivinar las intenciones de los manifestantes. Aunque debía reconocer que en aquella ocasión andaba perdido con lo que se decidió por un atuendo estándar válido para cualquier acto. Y escoger entre los trajes de manifestante no era fácil porque ¿quién puede vestirse todoterreno y más para momentos delicados como son las manifestaciones?

En aquella tranquilidad digna de cementerio en junio destacó la presencia de otra compañera de gremio. La reconoció enseguida por su aspecto, ya que sólo los profesionales se arreglaban por entero acorde al evento. Era una mujer con unas gafas de sol de las que salían dos cisnes. Llevaba un vestido verde vómito de borrachera muy elegante, de gasa y muselina. Ceñía su pelo con una cinta plateada. La mujer se acercó al ex-detective de novela negra y lo saludó:

-La languidez de la mañana nos hace vulnerables al dandismo -le dijo la señorita sonriendo y tendiendo la mano.

Él se la besó pensando que se había vuelto a equivocar: había venido a la manifestación pro-modernismo vestido al estilo fauve. Al menos había conseguido adivinar que se trataba de arte. Se despidió de la dama con una reverencia y se marchó alegremente a su casa. Tratándose de modernismo, allí no iba a aparecer nadie y si aparecía no era conveniente que lo vieran así.

viernes, 26 de junio de 2009

HIPOTÁLAMO CONSCIENTE

Cuánta piel vendida llevas, ramera de la cuneta,
y qué poca alma comprada.
Será la esquizofrenia femenina
o quizá del ser humano:
ser fiel a todos y a sí mismo.
Sacarías tus ojos o romperías tu cara
en cada espejo que te señala culpable.
Y al final qué si eres una estatua griega.
Una idea tonta, básica y poco original,
pero sencilla y apetecible:
ser buena, ser buena.
Culpas a los actores de tu infancia
por no hablarte de tu belleza, si es que existía,
condenándote al intelectualismo de rescate.
Les culpas a ellos de tu fatalismo de ahora,
de tus poses de sombra,
de tu sombra de ojos,
de la tóxica necesidad de amor cambiante,
de adoradores expertos que te convenzan,
hipotálamo consciente, hipotálamo que sabe.
Y esa paz, la conoces, esa paz de ser quien eres,
dejar de ser el circo ambulante
que regala entradas a los hombres atractivos
y a alguna mujer de piel blanca,
dejar de hacer apuestas,
dejar de ganarlas todas
quedándote desnuda en cualquier puerta,
hipotálamo que sabe, hipotálamo consciente.
Si se pudiera eliminar de la cabeza
algunos pensamientos corrosivos
que dan goce un segundo
y un siglo de agujeros...
Y la idea permanece
tonta, básica, apetecible:
ser más buena, al fin ser buena.

miércoles, 24 de junio de 2009

Algo así como escritura automática el día de sanjuán y coger aire que es valioso y uno no se da cuenta hasta que lo pierde por culpa de la contaminación -ya me lo decía aquella chica de grinpís, que me iba a morir si no le pagaba una cuota de socio- pero para pagar cuotas estoy yo si ya estoy cuotificada por entero, tengo más maridos que vidas, ya no me puedo casar más y el caso es que sigo feliz a pesar de la tos mortal que ya me persigue desde hace tiempo y no es la primera vez que hablo de esto y los días largos que yo espero se puedan disfrutar más y mejor y el solecito -que se debiera decir solito pero el interfijo por la cosa de no confundir solo con sol- en la piscina aunque sea sola porque tengo un bonito bikini y una bonita vida y todo podría ser más simple sin tanto mercadeo y sentirse útil aunque sea para las desgracias preparar pollo asado que me sale muy rico en el horno y mi hombre a mi lado le vamos a rapar el pelo y va a ser curioso y subir a un monte cuando el pulmón me deje y por qué no si hubo una mujer que subió al Everest casi sin pies aunque yo de pies tampoco ando muy bien pero tengo que pensar que me voy a curar o puedo acabar colgada como Judas pero Judas se suicidó porque sabía que tarde o temprano lo juzgarían y lo perdonarían -ya sé que esto es un autoplagio, pero qué mejor plagio que el autótrofo- y el musgo que no es un hongo, mamelucos, que es una planta porque es verde y si es verde realiza la fotosíntesis y yo qué sé profe pues es que hay que pensar y ya os dije que iba a entrar Quevedo seguro si es que no escucháis con lo valioso que es el aire y un día de estos me lío la manta a la cabeza y me pongo a imprimir todos los poemarios y un día de estos voy a volver a Grecia y todo será diferente pero igual y si es chico que no le llamen Ángel, por favor.

lunes, 22 de junio de 2009

Tengo los ojos para siempre abiertos
y pasa no el verano, no,
sino la realidad del verano por encima
y la música marea, no la cabeza, no,
sino aquello que está más dentro
y las chicas que se ríen cogidas de alguna correa
y los chicos que se quitan las camisetas
y el volumen que sube en implosión
y algo que sube desde el asfalto y no veo
con los ojos para siempre abiertos.


CAMBIO DE ESTACIÓN

Él se queda inmóvil en la cama
y la sonríe con la boca torcida.
Ella se viste y sonríe mucho más
pero está más triste.
Ella se va, lo besa
y le enseña un poco de sus medias intentando
todavía sacar algo.
Pero el cambio de estación se ha hecho efectivo.
Ella se va pensando en él,
como siempre.
Él se queda pensando en la de siempre,
que nunca es ella.

jueves, 18 de junio de 2009

AMANECERÁ

“Aquí viene tu hombre”, dicen los Pixies.
Mientras, te echo de menos.
Pero eso ya lo sabes
porque tú también me echas de menos.
Ya no me esperas,
pero eso no lo sabes
porque yo sí que te espero inútilmente.
No me dices nada,
yo no te perturbo.
Todo fue muy triste,
todo muy normal.
Conocernos en estéreo,
la despedida en blanco y negro...
Amanecerá y no saldrá el sol,
amanecerá y él último minuto caerá al suelo
y nadie lo recogerá.
Game over, me has dicho.
Cuando quieras, mi tiempo es tuyo
y también el tremendo delirio, faltaría más.

Te diré. Y amanecerá de verdad.

miércoles, 17 de junio de 2009

EMPATÍA

Si una pareja se rompe a mi lado, si nace un niño cerca, si un amigo aprueba su examen, si una madre está enferma, si tiene calor tu cuerpo y frío tu alma, si aún recuerdas a una antigua novia, si tu marido te engaña y lo sabes, si sientes que otro paso no merece la pena, si toses, si te han herido, si no tienes lo que quieres, si estás perdido... ¿cómo no sentirme yo afectada si vivo en este mundo, a vuestro lado?, ¿cómo no ser yo también esa novia, esa madre, ese estudiante, esa persona?

martes, 16 de junio de 2009

Hemos vuelto al trabajo, pero esta vez
sólo llueve fuera.
Sigo buscando las mismas cosas, las mismas tildes en las mismas tónicas
refrescantes. Pero esta vez me alimento desde dentro.
Las orquestas en la menor suenan grabadas en disco
y no las compongo ya.
Puedo decirte que me da pena no tener el blues suficiente
para volar poemas de pureza que se clava sin matarte
(de tan puros)
pero, sinceramente, nada comparable a la suciedad
de una vida feliz.

domingo, 14 de junio de 2009

Majestuoso y enorme está ahí. Lo miras
traspasando su abrigo negro, aquel que mojaste
arando con lágrimas, aquel que tocabas
punta de dedos en ristre.
Gigante en movimiento, saltarín,
intuyes sus ojos alegres
aun cuando no recuerdes su color exacto.
y su voz, su voz que te ha matado mil veces,
que te ha contado tu vida
tal y como quisiste que fuese,
la voz por la que venderías tus bienes
“deja todo y sígueme”, dice mesiánica,
siempre a un volumen bajo en acuerdo tácito de intimidad.
La voz pequeña de su magno cuerpo.
La voz abrigo de tus corredores fríos.

viernes, 12 de junio de 2009

No sabían que sería el último,
pero lo fue.
Porque unas cosas se recuerdan y otras no,
porque dejaron que algo más fuerte los dominara por su bien,
porque la tranquilidad es lo más cercano a la neurosis
y porque la efervescencia es aire que vuela, volemos,
porque escribiré como si cada palabra fuera para siempre,
porque era un sujeto impaciente esperando a un agente pasivo
y porque las peripecias de la claustrofobia no suelen ser admitidas,
porque un día más o menos nublado veintisiete personas pueden más o menos morir,
porque si te fijas como pegamento con los ojos grandes verás,
porque quisieron nacer en otro lugar y otro lugar los admitió al morir,
porque las presencias suelen ser ausencias
y cogernos de las manos cuando miedo es salvación,
porque estamos siempre a mitad de camino entre nosotros y otra cosa,
porque tengo un temperamento que me muerde si no lo alimento
y si lo alimento, me muerde,
porque tengo más aire que pulmones
y más amor que corazón.
Porque no sabían que sería el último,
porque tal vez no lo fue.

jueves, 11 de junio de 2009

Desatarse de unos lazos que no existen
resulta tanto o más complicado que no perder un latido
y, sin embargo, cuánto aprieta lo invisible,
cómo pesa lo que no se dice
y cómo libera lo que de una vez hiere,
por fin la sangre limpiando.
Borbotea cualquier líquido estimulante en mis oídos
como si fuera preciado silencio, tesoro.
A dos mil por hora o despacito, da igual,
sé que puedo girar la cabeza y regalarte algo
y, si eres listo, sabrás aceptarlo como viene
sin buscar más allá del envoltorio.
Después yo aprenderé a hacer lo mismo.
¿Cuántas horas de oscuridad dices que me quedan?

martes, 9 de junio de 2009

DENSIDAD (tres treinta y siete, aprox.)

Pífanos de esos del mañana será mío,
rítmicos y tamborileros encerrados carceleros,
dulzura de caras desastrosa perfección
y no saber cuándo será la próxima incertidumbre concreta
ni las seis últimas veces vecinas del dolor.
Cambiar de cara, de sueño, de hambre
para volver a ser lo que fueron,
era más fácil.
Menos carne lustrosa y triste
y más desgaste felicitaciones del pasado
porque lo más terrible es tener un solo error en la vida y solo uno.
Algo que se rompe y que debiera romperse y que definitivamente salta en pedazos,
algo que nos destroza la garganta.
Ningún amor se pierde, ninguno se encuentra
y todo puede robarse a la puerta de alguna casa con arpegios en las ventanas.
Podemos salvarnos, al menos eso creo,
con tal de que valentía no sea un señor que gana dinero por las ferias,
sino el ciclón maravilloso que nos lleva cerca y lejos.
Ponerle riñones al asunto y liberar a las generaciones futuras
¿qué sería perder el control sin un poco de ilusión por nuestra parte?
Una ceremonia más, un poco aburrida e insípida,
una pequeña isla donde no merece la pena perderse. Y ese no es nuestro estilo.
Funciones vitales que delaten que lo hemos intentado,
industria de vida hecha en lata
y palomas acurrucándose antes de que sea demasiado tarde
y no podamos ahogarlas con estricnina.
Todo eso será nuestro legado
y cuando ya no existamos, nadie
volverá a divertirse como nosotros lo hicimos,
cuervo a cuerpo.

lunes, 8 de junio de 2009

LUZ

Está demasiado usada la vida,
no se aprecia de tan vista
y la poesía
no hace más que introducir
pensamientos torpes
que desgastan.
Seré responsable
y creceré por dentro para dejarme espacio,
no haré un problema de cada átomo de existencia.
Disfrutaré, lo juro, del milagro que es la vida
que no por cotidiano
hay que darlo siempre por seguro.

viernes, 5 de junio de 2009

LA ANILLA

Un cuento largo para los que aún tienen tiempo para leer y, quizá, disfrutar
I
En el paseo de la Reina Victoria, en Madrid, hay un bulevar y dos fruterías enfrentadas (que no opuestas, ni rivales) Una de ellas abre antes de las nueve de la mañana y pone coles de Bruselas y setas a la vista de los transeúntes que van siempre con prisa. Pero esto sólo sucede en otoño, lo de las setas. El resto permanece desde hace años. En el paseo de la Reina Victoria, en Madrid, hay un bar con barra de mármol, nada original, donde a las seis de la tarde una pareja de novios beben sendas cervezas. A ella le gusta esa calle porque tiene un bulevar y siempre dice que se parece a París, aunque nunca ha estado allí, pero, quizá, con un presentimiento platónico, ella reconoce París en el paseo, en sus casas de ladrillo, en su hospital y sus clínicas, en su cielos gris abierto, en sus fruterías, en sus acordeonistas. Él sí conoce París y sabe que allí no hay acordeonistas y los puestos más comunes no son de fruta, sino de ostras. Ella y él son novios y se quieren como se quieren los novios. Nos acercamos cinematográficamente a la barra de mármol donde ella está acodada y él apoya sólo un brazo, el izquierdo quedando frente a ella. Ella no le mira, parece cansada, pero yo sólo soy el narrador y no sé si realmente está cansada, así que lo mejor es que hagamos silencio y escuchemos para enterarnos de estas y muchas otras cosas. Antes diré que él ha encontrado una anilla, brillante, redonda, encima de la barra.

-Mira -dice él -un anillo de boda. Y le toma la mano izquierda, la que queda más cerca de él y le coloca la anilla en su dedo anular. Se lo coloca en ese dedo porque ella lo levanta un poco, él pensaba ponérselo en el corazón, ya que el corazón es, según él, el dedo del amor. Ella mira sin interés su mano izquierda y afirma con aire de superioridad:

-Es en la mano derecha, tonto -y se ríe un poco.

-¿Qué más da? -dice él cambiando de postura, mirando hacia dentro de la barra y dejando de mirarla a ella.

- Bueno, en la izquierda se pone el de compromiso y eso. Pero bueno, esto me está grande, anyway -y ella, que siempre suele terminar con algún extranjerismo sus speech le devuelve la anilla a su novio.

-¡No! -se queja él con tono lastimero -. Quédatelo, no seas…

-Anda, anda, que luego me aparecen en los bolsillos, los tengo siempre llenos de mierda y me salen con los clínex llenos de mocos siempre en el momento más inoportuno.

Él se ríe y le da un empujoncito. Coge la anilla y, sin que ella se dé cuenta, la mete en el bolsillo del abrigo de su novia que ésta tiene sobre la barra.

II

Ángela sabe que va a llegar tarde y mete a toda prisa sus cosas en su cartera. Corre por el paseo de la Reina Victoria, que le recuerda a París recordándonos a nosotros que ya la conocemos, y, efectivamente, llega tarde a la clínica en la que trabaja de enfermera. Mireya, su compañera, a la que no considera amiga, sobre todo porque le dice cosas como “alma de cántaro”, “tonta” o “pesada”, la está esperando con ojos nerviosos que van del reloj a la puerta de la puerta a todo el que quiera escuchar que ella ya se tenía que haber ido. Ángela llega, se disculpa, se sienta, descansa, se acuerda de que tendría que respirar, respira, se mete las manos en los bolsillos del abrigo y toca algo frío que, al principio le recuerda a los dedales que su madre usaba para coser. Cuando va a sacarlo para ver de qué se trata se contiene. Decide que puede tener unos minutos de misterio en su vida intentando descifrar qué es esa cosa circular, fría (lo que hace pensar que es metálico) Por fin cae: la anilla con la que Raúl estaba jugando ayer. Se sonríe y la saca de su bolsillo. Es una anilla como de un llavero. Es un bonito recuerdo de su novio, qué tonto (y aquí una serie de pensamientos íntimos que vamos a respetarle a Ángela) De pronto piensa que puede ser divertido devolvérsela sin que se dé cuenta y así él también tendrá un recuerdo suyo. Se pone a pensar cuándo sería el mejor momento y dónde podría dejársela. De entre las tinieblas del recuerdo sale un cuadro pintado con técnica puntillista. Es ella dejándole a su novio notas debajo de la almohada. Eso era antes de vivir juntos, cuando iba a verle a la casa donde vivía con sus padres. Le dejaba mensajes tontos, pero que siempre lo ilusionaban. Eran otros tiempos. Tiempos del puntillismo y del detallismo. Podría decirse que ahora la anilla, si estuviera animada y tuviera conciencia de sus actos, brillaría con un relámpago de esperanza, de posibilidad, de renacimiento.

Mireya pasó al marcharse y le gritó:

-¿No vas a quitarte el abrigo? Menudo pasmarote, madre mía, yo es que así… -y siguió hablando sola muchos metros más.

III

Una casa es una casa, pero no siempre es un hogar, al menos eso decía una canción soul y esa sensación tenía Raúl en su casa y eso que llevaban ya viviendo allí más de tres años. Pero nunca acababa de estar todo olraig, que diría Ángela. Y como no estaba olraig, todo cambiaba cada dos semanas. Raúl sabía que Ángela adoraba los cambios. Es más, sabía que, más que adorarlos, los necesitaba en su vida. Qué carácter, Dios mío, qué carácter complicado y difícil tiene esta chica.

Para su desgracia Raúl trabajaba en casa. En el alambre, decía el padre de Ángela. En algo raro, decía su propia madre. En algo, se decía él mismo. El caso es que trabajaba y su lugar de trabajo era su casa. Esto le traía complicaciones emotivo-formales. Si bien no había conocido un atasco desde hacía tres años, ni un empujón en el metro, ni una huelga de autobuses, también se había perdido el auge y caída de algunos diarios gratuitos, los temas de actualidad candente en materia de conversaciones vacías en el ascensor y alguna que otra actividad humana. En una palabra: echaba de menos el mundo de ahí fuera (ok, eso son ocho palabras) Oía cómo Ángela se quejaba de sus carreras por las aceras, de los relojes que se paraban y aceleraban a su antojo, lo mismo que el metro que un buen día se paraba en una estación, como si el conductor estuviera charlando con una chica guapa en un semáforo, y otras la amable voz de perfecta dicción se equivocaba y se adelantaba a las estaciones y cuando creías llegar a Guzmán el bueno, aún estabas en Avenida de América. También Ángela estaba aburrida del tráfico, la contaminación, el ruido, la gente con cara de estatua… Pero Raúl soñaba con esa amable voz del metro recitándole en el oído estación tras estación, sudaba recordando Alonso Martínez en sus tímpanos, volaba aspirando el denso humo de Madrid en invierno… Odiaba su casa, su falso hogar en las afueras y se daba perfecta cuenta de la ironía que era vivir allí por Ángela y que ella nunca estuviera en casa, mientras que él era la vecina-portera al que todos recurrían cuando pasaba algo en el edificio porque sabían que siempre estaba allí.

Se sentó a trabajar (“en algo”) Abrió el cajón donde guardabas sus útiles y la vio allí, a ella, a la de metal y a la de carne también, al amor hecho de metal barato. Suspiró y se reconcilió con la casa y con su algo mientras cogía con dos dedos la anilla que Ángela le había dejado allí con una nota donde lo insultaba más enamorada que nunca.

miércoles, 3 de junio de 2009

Me siento cerca de ti, casi al lado, cuando
hablamos del vacío y resulta
que el primo de tu ídolo es mi ídolo y tú
abres la sonrisa cuchillo y yo
aún imagino más que tú.
Quién sabe lo que piensas o si juegas,
quién sabe si prefieres pelirrojas o morenas.
Conozco ya muchas bocas que me hablan de poesía,
alguna se descuelga con Alonso, el de La Mancha.
Quizá busque menos la sorpresa y más
la rutina de esas charlas, continuidad,
casi, casi,
como el sentarme a tu lado y sentirme cerca.
No puedo evitarlo y me aflora la sonrisa
si veo tu nombre en un papel.
Miro en tu cara y busco el mío. Parece
que no será hoy el día elegido.
Hago coincidir nuestros relojes, me temo
que el tuyo retrasa.
Me apasiono con tus pasiones, toco tus cosas robando lo que pueda,
me inclino hacia ti, me vendo gratis.
Piensa, piensa en mí, piensa
lo que serían dos horas a solas
(apuesto fuerte, lo sé)
Hazme el amor con la mente,
soy complaciente más que con el cuerpo.
Pero no inclines así la cabeza que me matas
y no me hables así de ningún tema
o tendré que tenerte por amigo
y eso, querido, me da aún más miedo.
Supongo que me encanta
tenerte entre la espada y la pared y torturarte
con mi florete afilado y mi lengua viperina.
Tienes que entender que represento
los papeles de más cien teatros,
confundo los carteles
y soy la princesa en la ciudad,
el galán en la cabaña,
el detective sin misterio,
el pirata sin barco.
Me tomo con calma
los versos que la vida me regala
aunque los crispe sacando todo su zumo,
comprende que mi poema es verso blanco
y la rima no siempre encaja.
A mí tampoco me salen las cuentas, no te esfuerces,
sólo disfruta del espectáculo que doy gratis
y si quieres cubrir una vacante, puedes,
en mi vida no hay castings.

lunes, 1 de junio de 2009

TRISTEZA DOMÉSTICA, DE TRISTÁN TZARA

I
En la semilla de la azucena
te enterré serenamente
nos hemos amado en campanarios arruinados
los años se destramancomo los encajes viejos.
Te estoy buscando en todas partes Señor
pero tú sabes que es poca cosa
te enterré en un mes de noviembre
cuando pasaban las alumnas para almorzar
pero no sabían que estabas en el carruaje
porque habrían llorado.
Como se vienen abajo los diques vencidos
dejando caer el dolor en los padres
de papel, tu carne vieja
¿cómo tiene que ser? -amarilla y triste
y te amé dentro del violín de los buenos modales.
El otoño extendió sobre el país la llaga
se desabotonó lentamente los pechos
y se abrirá más el vestido
como el violín del barco destrozado por los dueños
abrirá en el cuerpo de sangre la carne
que me está llamando.
Nos hemos paseado tantas veces por el malecón
bajo el viento que trae barcos pintados de cal
y clava en la ceniza de los pulmones el gancho
pero el malecón es un sendero del caracol
que habita en el corazón del Señor.
Mis pensamientos se van -como ovejas al pasto- sin fin.
Lloran en la flauta por las llanuras tristes fragmentos de biografía.
Me ahogo en la desesperanza de los fenómenos sísmicos
y por las calles huye el viento cual perro apedreado.

II
Los astrólogos tienen encuentros secretos
dentro de un cuarto del emperador como panal de miel
donde construyen sucesos anticipados al futuro
para convertir el amor en dolor.

III
El caballo engulle la serpiente de la noche
el jardín se puso medallas de emperador
estrellado traje de novia -deja
que te mate en los infinitos, durante la noche, la carne fiel
la loca de la aldea incuba hazmerreíres para el palacio.