miércoles, 6 de enero de 2010

ABSURDA

Me inspira como nunca pensé que iba a hacerlo
una chica joven, más bien alta,
que escribe sobre todo por la noche
entre insomnio construido a punta de desgana de vivir con horario.
También me levanta un par de centímetros del suelo
el ingenio novedoso (redundancia necesaria)
que prodiga quien no sabe lo que dice y lo dice
y se aburre de sí mismo y se reinventa,
pero despacio, sin convulsiones,
ahí sí sabe lo que hace.
Y eso me da que pensar.
Me veo preparada e inexperta
queriendo ayudar desde lo interno,
los fueras me van mal, ya sabes,
mano a mano conspiro con eficiencia.
Sé a quién y cómo hacer feliz,
no es pura vanidad, es muy sencillo,
fijo mi objetivo si lo merece
y gano con su bien si lo consigo.
Tampoco es que sea altruista:
mi tonto infantilismo desespera
si cada diez segundos no oye mi nombre,
Me tendrás excusando mis lágrimas,
diciendo que no importa
que nadie se acuerde de este cuerpecito absurdo.
Y así estoy, invadida
del más ridículo de los absurdos
ya con poco remedio,
con muchas ganas, eso sí,
de ponerlo al servicio de la lógica.

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