martes, 19 de enero de 2010

BUENOS EN LO NUESTRO

A cada uno dio talentos según su capacidad. El que recibió uno cavó en la tierra y escondió su talento.

Mateo, 25, 15-18

No es uno quien elige
el superpoder dado.
Lo agradece o lo maldice,
lo pone al servicio de la justicia
o lo usa en su pequeño círculo vital.
Siempre son los héroes
unos seres torturados por sus dones, no obstante,
regalos macabros tocados en suerte.
Y ahí estamos, sin poder evitarlo,
trabajando por otros, siendo sobrehumanos,
molestando, dejándonos la piel.
No es ni mejor ni peor
ser la lectora de mentes,
la que sufre lo que sufres,
la que perdona porque todo lo hizo
y lo hizo mal
o pensó en la posibilidad de hacerlo.
Es una forma de vida
como el que justifica con el fin los medios
y se llama a sí mismo apasionado
o la dulce e insegura, que parece miserable
y ha reunido ya a tres ejércitos con su sonrisa.
Cada cual, bueno en lo suyo,
hace lo que puede con sus cartas
y cada baza es un camino
sin vuelta atrás.

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