miércoles, 20 de enero de 2010

YO



Aún a riesgo de ser egocéntrica, o al menos parecerlo,

hablaré de Yo, como si fuera otro.

Y no Otro yo, sino Yo,
para no hablar tanto de Mí, más que nada.

Yo hace de la superficialidad
una filosofía.
No entendáis que es su vida ser frívola,
sino que busca la vuelta inteligente a cortarse el pelo.

Yo ha descubierto de esta manera
que siempre es más feliz con pelo largo

y mucho más lista con él corto.

Anda buscando relacionar ambos estados.

Yo se sabe malvada,

pero sólo con quien puede,
lo que la salva y la agobia,
pues se libra de no ser humana y, au même temps,
la convierte en un ser insignificantemente poco poderoso.
Yo, por tanto, es poderosa, sí,

con otros seres más pequeños y mejores que Yo

que le permiten ser así de espantosa y cruel.

Yo tiene un pensamiento práctico ante todo,

aunque luego, en la práctica, vea
que no sirvió de nada y que es inútil

ordenar lo incalculable.

Yo vive de la imagen y se bebe las palabras

y no se queda a gusto si no entiende cada cosa a su manera.

Se cuenta que Yo cierto día
dio tanto la vuelta a un verso

que malversó cada palabra y odió al amor y amó a los monstruos.

Pero es probable que sean leyendas,

se narran bastantes sobre Yo,

como aquello de que llora a veces escondida
en los baños de las fiestas con traje de noche.

O lo de que mató a siete hombres de una mirada

y los siete se vengaron muriéndose.

También que se la busca
por terrorismo internacional.
Podríamos hablar de Yo todavía,

como de cualquier Yo conocido,
que se la admira, que se la envidia, que se la ignora,

pero para conocerla será mejor que, un poco,
me escuchen antes a Mí.

No hay comentarios: