lunes, 22 de febrero de 2010

AL FINAL SÍ VALIÓ ALGO (crónica de un día de recital)

Me he acostado tarde, casi a las 4 a.m. (antes de merendar) porque he estado resolviendo el mundo en casa de un amigo, así que no me apetece ir a la clase de yoga de las 10:30. Además, como siempre, tengo el pulmón encanijado.

Me levanto por fin y arreglo mis papeles, pongo un par de malas notas en una clase, me sorprendo de que haga sol y voy a comprar fruta al mercado. mierda, la frutería barata no está abierta. Eso significa que no podré comprar kiwis. Los ancianos y vejetes del mercado se prestan a ayudarme, ellos no saben que soy muy independiente y que, encima, se les está pasando el turno para pedir. Me subo mis tres pisos con la carga. Sigue haciendo sol, aunque hace mucho frío.

A la hora del Ángelus llego a la clase de meditación. Hoy me ha salido fatal porque tengo muchas cosas en la cabeza. Además, en casa estoy usando un mala y sin él ya me cuesta un poquito. Se me atropellan los mantras, pero no me pongo nerviosa, espero paciente a que terminemos. Hoy hemos hablado de la sinceridad. Me quedo con una frase de Sivananda: "la verdad nos hace intrépidos" Justo de eso estuve hablando anoche hasta las 4 de la mañana. Hay una mujer/señora en el grupo que contradice todo lo que pensamos. El profesor dice que en todo enunciado hay una parte de verdad y otra de mentira, todo depende con qué parte te quieras quedar (mi cerebro sonríe y le dice a la broncas "ahí lo llevas, guapa" y pienso en acordarme de esto para cuando los niños de 1º se empeñen en tener razón) Al salir de clase hace mucho frío y tengo que esperar a Dani, que aún no ha llegado. Trasteo con una cámara de fotos.

Llegamos a casa de mis padres a las 14:00. Mi madre me da mucho abrazos y mi padre está contento. Lo mejor de la comida fue el queso. Le he expoliado a mi madre su tesoro de pañuelos, fulares y boinas. Soy como los animales carroñeros, cumplo mi función en el ecosistema. Intento no pensar demasiado en el recital o me pondré nerviosa.

A las 20:30 estamos en el Manuela esperando a Silvi. Mis riñones, mis benditos riñones. tengo que ir al baño así que cuando subo Dani me dice que Silvi ha llegado, pero que se ha ido a comprar parte del atrezzo del recital (por cierto, Sil, he llamado a la bola de disco Castaña, aunque seguro que se me olvida y le cambio el nombre) Llegan al rato Silvi y Nadia. Vienen de ver cortos de Lynch y están muy impactadas/rayadas. Las escucho mientras bebo zumo de tomate. Silvi está nerviosa, se le nota, pero eso me gusta porque significa que está emocionada. Yo soy más tranquila (en parte) Le he dicho "OM y al toro, Silvi" No sé de dónde saco esas frases tan tontas.

Llegamos al Buko a las 21:22 y empezamos a organizar y a maquear. Silvi lleva la cinta de carrocero (de dos grosores, qué jefa) colgada de la travilla del cinturón. No me canso de sorprenderme con ella. No, sorpresa no es la palabra, es ternura. Todo va biwen, todo va encajando. Casi toda la gente que ha venido son amigos de Silvi, pero no me importa mucho. Al final Javichu ha podido pasarse, le doy las gracias. Empezamos sólo 15' tarde. Suena Antes de la revolución y me sobresalto. Hacía tanto tiempo ya...

No tengo ni idea de qué voy a contarle a esta gente que, con cierta expectación, espera que hable. No sé qué les cuento. les intento explicar que este recital no vale nada, más allá del valor pecuniario, que somos dos personillas con cartulinas e ilusiones y que aquí estamos porque hemos venido y hemos venido porque aquí estamos.

Veo a Silvi contenta y eso me gusta. Me estoy fijando mucho en su parte y poco en la mía, epro es que la mía ya me la sé. Me ha regalado un cuaderno que ha comprado en la tienda de antigüedades de Macario. Pone en la portada "Esso Bogota" Ya sé lo que es, Orión: Esso es la petrolera, tía. Dentro hay escritas algunas cosas sobre unos tanques de agua marina y, de pronto, pienso en una peli de Hitchcock o en una novela de Agatha Christie: alguien se ahoga en un tanque de agua marina. Hay dibujadas, además, un sistema de cañerías. Para cuando escriba un poema llamado Tubos. Tengo grandes proyectos para este cuaderno y decido estrenarlo ya mismo con una frase de Sil. La gente se rié, la gente escucha, espero que la gente, también un poquito, se emocione. He leído el poema de Silvi Las personas circulares y me ha divertido (después me ha dicho que le ha sonado a cuenta-cuentos y eso está bien, soy muy teatral) Ella ha leído uno mío La tristeza y me ha encantado oírselo porque es muy diferente o porque ella, al no hacer mi paripé gesticular, le da el sentido de tristeza justo, de blue mood perfecto. Dani hace fotos; Arturo graba.

Silvi me lo comenta después, pero yo ya me he dado cuenta: la primera parte "Inquietud" está ocupada por sus poemas. La última "Las montañas" es más mía. Así debe ser. Hemos quedado que, cuando vuelva de la India (espero que se acuerde de mí un poco, porque no se lo he dicho, pero sueño con ir a la India desde que tengo 14 años) vamos a ir al mirador Luis Rosales y escribir en el libro que está metido en la roca. Va a ser una experiencia enseñarle las montañas a Silvi. Nunca me ha visto allí, ni yo a ella.

Al terminar el recital estamos contentas y tranquilas. Con energía positiva saliendo de los poros. Noto una pequeña nube de no-perturbación a nuestro alrededor. Me estoy acordando de la canción Street life de Roxy Music.

Cojo a Castaña bajo el brazo y me voy con Dani a Alonso Martínez, me permito 2'' de recuerdos de la última vez que estuve allí (con el que se suicidó de mi vida que, encima, me he puesto su camiseta a pesar de que me está pequeña) y enhebramos para casa.

Parece que, al final, sí valió algo.

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