sábado, 20 de marzo de 2010

ANAGNÓRISIS

Uno se da cuenta
de que lo han engañado
cuando, adulto ya, en un bar
no le divierten los pasos de baile del camarero,
ni la espuma de los días se parece
a esa tierra prometida que te cuentan.
Es cuando por aburrimiento y apatía
empiezas a teñir todo del oro cervézeo
y amasas con dichos redichos
o haces como que no te importa.
Por enésima vez, los adultos
te la cuelan por la escuadra,
hace tanto
que no confiabas en ellos,
pero el Paraíso, ah, el Paraíso
no era como el timo del "ya veremos",
"si te portas bien y si trabajas",
"debajo de tu cama hay un señor que te mira"·
No, el Paraíso de la noche que no acaba
era el sueño de todo medio hombre, medio niño
que espera que le armen caballero
subido a un taburete de taberna
sin darse cuenta de que el mundo de los viejos
tiene ventajas si se olvida lo pasado,
si se acepta el juego desde cero
y que si no más bien parece
una fea y desfondada pesadilla.



Sórdido - Havalina

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