martes, 9 de marzo de 2010

CALÍPTICO

Que respires todavía
no es para mi pulso.
Duele como si Cronenberg
lo estuviera manejando.
No es para mi pulso,
lánguido y cansado,
que en una avenida del este,
mirando más bien a La Meca,
siga latiendo la voz del muerto.
Que cuando yo te olvide
no habrá tú,
ya serás otro.
Y sé que quien enfrenta cara a cara
a los que reparten los ases
obtienen su castigo irremediablemente.
Pero es la misma sensación
de vergüenza y alegría
de cuando tu padre te mira
y te dice que estás guapa.
El bebé Lindbergh no volvió.
Tampoco lo esperaban.

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