jueves, 18 de marzo de 2010

INDEPENDENCIA ASISTIDA

Qué dulce es tu torpeza,
tan dulce como el loto del olvido,
tan dulce como lo que otorga pequeñas islas ansiolíticas.
Pareciera mentira que tú, precisamente tú,
sin sal, sin saber,
vayas a a ser la esperanza de una tarde cada dos.
Ay, los ojitos perdidos,
nunca están a lo que están,
ay, las manos en maraña,
se levantan a mi voz.
Porque tú, sólo tú
no me importas y así te tengo,
como el objeto precioso
que nunca cuidaré
y que se llevará mi alma si se rompe.

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