martes, 23 de marzo de 2010

MIS MUERTOS

Mi abuelo murió a mis diecisiete.
Es el primer muerto que recuerdo adulta.
Me pareció justo, pero triste.
Murió en diciembre. También me pareció lógico y aceptable.
No fue traumático, pero sí impresionante.
Mi abuela se fue al año siguiente. Murió en mayo
y eso, eso ya no era tan normal.
Yo leía Tiempo de silencio, donde se describe el cementerio.
Al menos comprobé que era verdad lo que decía.
Hacía calor y era primavera.
Mi otro abuelo murió en quinto de carrera. Dejó una abnegada viuda.
Tiempo atrás, un buen amigo
había dejado de hablarme. No sería el último
de una lista que, como el fenómeno del Niño,
se repetía cada X años.
Le echaba la culpa a las bufandas
pero igual que a mis abuelos no se los llevó un regalo de cumpleaños
tampoco mis amigos se fueron por un mal paso
Que siempre me sentí un poco Viktor Frankestein
por eso de ir rebuscando siempre entre cadáveres,
pero
es que la vida se acaba agotando a veces.
Mi hermana se marchó lejos de casa
justo cuando empezaba a ser mi amiga.
Luego me fui yo y fue decisión mía,
pero echo de menos los abrazos de mi madre.
A veces, Caramelo se ausenta
aunque esté justo a mi lado.
Otras, camino entre la gente como un fantasma,
no sé si no me ven o yo estoy ciega.
Con esto sólo quiero decirte, mundo,
que comprendo muy bien de qué va esto,
así que un muerto más ya no me pesa.
Anótalo en mi cuenta y pasemos a otra cosa
mucho más viva y coleante.

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