sábado, 6 de marzo de 2010

ULTRAMODERNIDAD


Lacayos de papel en el alféizar
se mojan, se destrozan con la lluvia.
Recuerdo que el diluvio
duró cuarenta días,
no fue para tanto,
ahora que lo pienso,
exageran las leyendas en lo suyo,
cien días de lluvia tampoco podrían matarnos.
Un hombre me dice buenos días. Es negro.
Otro hombre junta su frente con la mía.
Acaba de leer a un poeta novi.
Estoy tranquila,
sé de las mentiras de la guerra.
El metro acerca a alguien que no es bueno,
que puede volverse cachorro.
Ha pasado mucho tiempo desde los dieciséis años.
Aún así lo intento, bajo
hasta el estado de conciencia límite y lo veo:
yo me enamoré del chico equivocado,
era el más alto de mi cole,
le amé de una manera que no volvió a repetirse.
Todo va con freno ahora,
una pátina de brillo sin excusa lo embellece.
La decadencia se quedó allá lejos.
Busco no volver a aquellos días.

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