sábado, 29 de mayo de 2010

270

Fue la primera que alquilé
con el sudor ajeno y la tiza de mi frente
y, eh, fue fácil o, al menos,
más sencillo de lo que tenía entendido.
Conté con ayuda, eso es cierto.
Hay lugares estratégicos
y recuerdos ya grabados.
Queen y las caricias del sofá
o Queen recuperado y las cervezas,
o míster Baker y yo sola, tranquila, apacible, los árboles por fuera y aquí dentro.
El pasillo pasarela del cuarto a la cocina
donde rock and roll muchas veces.
El espejo del armario que me devuelve
una imagen desconocida de belleza,
el mismo armario siempre húmedo
que se traga mis vestidos, los más cortos.
Descubrir que el bidé sirve para sostenerse
cuando se está en equilibrio inestable y saltimbanqui.
Los peces que sobreviven.
Los pájaros que cantan only for my eyes.
El placer de tender la ropa.
La Siberia frigorífica y nuestro cuchillo pica-hielo.
Los plomos que se funden porque nos queremos.
Las paredes marcadas con nuestros nudillos.
Los amigos viejos que pasaron, los nuevos que secuestré.
La Nochevieja tranquila del 2009 y su intensa madrugada.
Las medias que he perdido y el anillo ¿aún te acuerdas?
Los vecinos sordos, los encantadores potrillos del cuarto piso.
Y el techo psicodélico.


Constellations - Jack Johnson

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