jueves, 27 de mayo de 2010

DEPRESIÓN

Qué manía con la lucha de egos
que hace que permanezcas enfadado con todos, contigo,
perdona ya nuestras faltas,
no eres un dios vengador que se merezca esa pena a la espalda.
La capacidad inmensa de compasión,
esa que me hace mirarte como a Ben Hur en el desierto
ya sé que es un poco molesta,
pero es que yo sólo tengo un corazón
y tengo que cuidarlo mucho antes de los treinta.
Vosotros, los resistentes,
no hace falta que tengáis esa precaución,
pero cuando reviente la soledad y ya no queden ni los huesos
no vengáis a pedirme consejo sobre cómo se puede sobrevivir
a la esquizofrenia,
al foco viejo del cine viejo que proyecta una imagen, sin embargo, clara y potente,
al teatro, al fraude,
al cuerpo que grita de dolor porque les estáis obligando a hacer lo que no quiere,
a las mujeres y a los hombres,
a los libros que se acaban,
a la recuperación, al sujeto, a la periferia,
a la depresión cómoda, confortable, calentita.

La vida moderna - La habitación roja

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