miércoles, 25 de agosto de 2010

ADÓNDE TE ESCONDISTE

No he vendido el alma porque no me he hecho más rica.
He perdido el alma, la he extraviado.
El alma como sustancia sustentadora, combustible sin quema,
pero calorífica,
y ahora no sé dónde está ella.
Pensé que la cuidaba
amando a quien me amaba y sonriendo un poco a los que me temían,
dando las gracias cada mañana por el sol y las margaritas,
acariciando cabezas, gritando lo menos posible,
intentando no llorar más de la cuenta pendiente,
pues cada segundo es precioso.
Yo no la he vendido porque no he visto el dinero.
Tampoco hay recibo.
Pero está claro
que no fue suficiente
y se fue.
Sola
y yo
sola también.

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