miércoles, 28 de diciembre de 2011

Y descubres, ¡oh, señor!
que su novia está aún más gorda, aunque sigue siendo guapa
y él más calvo.
Y que, ateo, ahora acude a comuniones,
"dan alcohol", recuerdas.
Y no te extrañas
porque él nunca tuvo padres
y es que ahora
adoptó una familia
que, por suerte,
no es la tuya.

martes, 20 de diciembre de 2011

ME LO MEREZCO

Me merezco mil insultos
y novecientos noventa y nueve besos
para cumplir con mi sino
de mujer, fémina dolorosa y doliente.
Y mil y un perdones,
eso, al menos, lo merezco.
Y un cobijo y un transporte
y un descanso intercalado
con horror puro y sincero
del que no hay dios que lo afronte.
Y una micra de maldad sin cura.
Y una oportunidad, siempre la última.

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Dónde estamos todos?
¿Dónde estamos?
¿Qué fue de la niña lista,
más lista que nadie,
con pecas y mala leche
que se fue a Uppsala y allí se pierden sus pasos?
¿Y de aquel que engordó tanto?
Imposible encontrarlo
(y eso que el siglo XXI lo puso fácil)
¿Dónde estamos todos?
¿Dónde nuestro reflejo?
¿Cömo es posible que sigamos presos
los unos de los otros?
¿Y si yo fuera la única que recuerda?
Inocentemente
voy echando el resto
esperando que pase lo mismo más veces.
A cuatrocientas pulsaciones por minuto
y ningún método,
voy aclamando y dando
lo que quisiera recibir de otros
en un círculo vicioso
con poco o ningún sentido.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Porque yo sé de sobra lo que es necesario,
volver a Toulouse en primavera,
encerrarme a solas en una cabaña en el campo.
Porque yo sé de sobra lo que quiero y no quiero,
lo que me ayuda o me enferma,
lo que me vivifica o me enerva.
Porque yo soy la que lleva este cuerpo y esta mente,
la que lo arrastra por todos los pasillos desangelados,
porque yo soy la que, al final,
perderá esta partida.

lunes, 7 de noviembre de 2011

En el caso hipótetico de que creyera
en este juego de amigos y antitéticos,
en esta guerra de frío al frío y muerte al muerto,
no creo que aguantara sin caer en la modorra.
Ni te angusties ni aceleres tu victoria,
es invierno y esto ocurre cada siempre,
yo me aburro, tú te admiras, yo no entiendo
cómo se puede vivir tan despacio.
Mientras, sigo creyendo en traidores
de todas las casas de apuestas.

martes, 1 de noviembre de 2011

Existe esa depresión constante,
la de la noche temprana,
la del cable visto a través del vaho caliente de tu boca,
la del invierno bastante más allá de la estación metereológica.
Existen pequeños detalles para redimirnos,
soñar con los fondos abisales,
controlar los trastornos a base de fármacos absurdos,
entonar melodías para ahuyentar al miedo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Muerte a Pepito Grillo
y a toda la información inútil
que nos mete en la cabeza,
las explicaciones del cómo y del porqué
de tanta historia lisa y llana.
Muerte a la voz de la conciciencia que me ata
y hasta humilla cuando puedo y estoy floja.
Muerte a ser culpable de no ser culpable
y a toda la parafernalia
ya casi surrealista
de no tener criterio al ser yo misma.

domingo, 23 de octubre de 2011

No ha habido tacto, ni espera,apenas confrontacion, apenas sitio,
ni casi vías, ni casi tiempo.
No puedo quejarme, no debo agobiarme
y mucho menos esperar que me esperes.
Pero soñar es gratis, o eso dicen,
por más caro que siga saliendo cada centímetro
y puedo creer, tarde o temprano,
que seré importante
en esta pequeñez mía.

miércoles, 19 de octubre de 2011

POR DETRÁS DEL MERIDIANO

Estoy corriendo detrás de un tren
que se pone delante y me atropella,
por más que huya siempre el tiempo
me coge y me aplasta entre dosmomentos
imprescindíblemente únicos,
únicamente imprescindibles.
Y voy con la lengua fuera
por detrás del meridiano.

domingo, 16 de octubre de 2011

TÚNEL DE VESTUARIOS

Jugaba en una liga
quizá demasiado grande
con un equipo
que solía ganar siempre.
Jugaba y acertaba y jamás chupé banquillo
porque esa era la opción
solo de los cobardes.
Ni yo, ni nosotros,
solo de ellos los éxitos.
Y el día que no se pudo
celebrar más copas
ni subir a besar 
a iconos ajenos
nos dieron carpetazo
y mañana a otra cosa
a buscarse la vida
con un coach más guapo
que ponía música
en el vestuario
y pedía todo
sin dar tampoco mucho,
pero perder existía
y el fracaso era suyo.

sábado, 8 de octubre de 2011

Me la sigue trayendo floja,
y me perdonas,
que seas perro o gato,
que te llames Omega u Honorato,
que con un seis y un cuatro hagas arte 
y niegues la humildad de ser humilde.
Debiste llegar antes del ocaso,
quizá antes del mediodía,
quizá cuando rompían mis rodillas,
quizá cuando rompieron mi contrato,
quizá cuando ser humano era arriesgarse a vivir
y vivir era un cura sana y a correr.

miércoles, 5 de octubre de 2011

PERSONAS QUE MEJORAN A PERSONAS

Personas que hacen humanos a quien les sigue.
Y quien les sigue se hace más dulce, más elocuente y más despierto.
Personas que te absorben todo el cinismo
que te curan de la parálisis.
Personas que nos permiten ser más persona,
que te dan cuerda, imágenes, pista libre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

TODOS A UNA

¿Y qué le haremos si no es estable
la esquizofrenia?
Torre.Boj. Camino.
¿Y qué le haremos si al final quedan
las experiencias?
Orilla. Jaula. ceniza.
Y aterrizar como una pluma
en el mundo que debiera haber sido
allá al principio.

lunes, 19 de septiembre de 2011

LANGOSTA BEACH

Toda la vida sufriendo por ser
protagonista de esta ridícula historia
y no soy más que el segundo papel,
la amiga réplica de la protagonista, la secundaria cómica.
No obstante me consuela saber
que los mejores amigos
se suelen hacer en la cárcel.

jueves, 15 de septiembre de 2011

TÚ ESPERA

No queda más remedio que aguantar las palabras peor escogidas
por si vinieran de nuevo, que sepan reconocernos.
Pero las cosas se cubrirán de matices
no exactamente hermosos, no exactamente aquellos,
y la verdad saldrá a la luz
irremediable y lujosa.

jueves, 8 de septiembre de 2011

HAZ COMO SI NADA

¿Qué peso tiene la incertidumbre?
¿Cuánto vale la seguridad?
¿Cuánto más hay que pagarla?
¿Merece la pena aportar cosas hermosas
a lo que sabes feo de antemano?
Cuidar la letra, la salud, la vivienda
¿nos traerá pingües beneficios?
¿Qué peso tiene la incertidumbre?
¿Quiero o no quiero librarme de ella?

domingo, 4 de septiembre de 2011

APHAR

Y si alguno no recibiera ni escuchara vuestras palabras, saliéndoos afuera de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.

Mateo, 10, 14

Agua en remolino
era fácil de esperar
aunque imprevisto.
No exactamente corriendo
agua en remolino,
pero no estancada, desde luego.
Tantas inversiones en tiempo y alma
que son nada más que abortos en acto,
tantas fregonas limpiando baldosas que he pisado
y, por supuesto,
yo sacudiendo el polvo de mis pies a la salida.

sábado, 27 de agosto de 2011

NO CHIRRÍES LOS DIENTES

Es un poco tonto, ya lo sé,
emocionarse por cada bouquet que venden en internet
y sufrir por no ser rico para comprarse flores y flores.
Pero tampoco tiene demasiado sentido
que cincuenta mil abejas zumben en mi oído
pidiendo pan, agua, destino y otros manjares.
Ya tengo un futuro suficientemente caldeado,
dejadme al menos
soñar el presente.

martes, 23 de agosto de 2011

ME ENCUENTRO MEJOR

Prohibido sonreír más grados,
prohibido ser humano, es decir, imprevisible,
prohibido  el centro de la escalera o del pasillo,
prohibido alegrarse, enfadarse, preguntar,
prohibido caer, prohibido levantarse,
prohibido estar triste, coger el látigo.
Cumplo y hago cumplir
todo esto en lo que no creo y no creí 
y empiezo a no saber si creeré en un futuro.

viernes, 19 de agosto de 2011

GLORIUS

Yo iba a ser llamada veterana,
yo iba a tener un hijo a los veintinueve,
yo me las sabía todas, hasta los mosaicos y las grietas de las paredes,
yo que conocía ya a las cucarachas,
yo que bailaba en los pasillos como en un anuncio de cervezas.
Yo tuve una vida diferente a esta,
yo iba a ser otra
a la que no conoceremos ya nunca.

Glorius - The Pierces

martes, 16 de agosto de 2011

Hay gente que es tonta del culo y no lo sabe. Ya, no es nada nuevo, yo misma podría ser una de esas "tontas del culo ignorantes de serlo"; sí, soy de las que no ofenden por temor a ser incoherentes. pero en todo hay grados. Hablo de personas tontas del culo y orgullosas, tontas del culo ignorantes, pero que, empezando a rozar la consciencia de su estupidez, se lanzan al vacío con toda ella, para todos nosotros.

Son de cualquier extracción social, sexo, edad... Aunque yo tiendo a ser menos benevolente con adultos responsables porque la adolescencia pasa por ser tonta del culo, pero en este caso, amigos, es necesaria, muy necesaria (morir de amor a cada segundo, sufrir la tragedia, vivir el drama, enemistarse de muerte...)

No hablo de la gente que grita las canciones de los anuncios a grito 'pelao', ni siquiera de los que lloran cuando España gana la copa del mundo... Las emociones, emociones son.  O, en todo caso, estos entrarían dentro de los tontainas, tontusos o tontorrones. No. Estoy hablando de los tontos del culo. Estoy hablando de los que se bajan del coche y te dicen "eso no me lo dices en la calle", de los que se hacen amigos de gente que los odia, de los que agobian a los famosos en el Twentti (sin respuesta por parte de las estrellas, claro), de los que un día tienen un cargo de poder y es como darle una metralleta a un niño de 2 años porque deciden de la entraña hacia afuera (cosa que está muy bien para escribir canciones y discursos, pero no para organizar)

Es decir, admiro a la gente que siendo tonta va por el mundo resptando y haciéndose respetar, gente humilde y necesaria, útil, qué coño. Pero los tontos del culo que 'tolosaben' a golpe de puño... ay, cielos...

viernes, 12 de agosto de 2011

EL CERDITO

Es precipitado afirmar que el cerdito de goma confería poderes a quienes lo poseían, puesto que no tenemos pruebas de ello, pero quien tenía fe en esto quedaba imbuido de un aura de misterio y magia que bien hubiera hecho creer en lo sobrenatural.
Se trataba de un objeto totémico de no más de cuatro centímetros de altura. Representaba a un cerdo puesto en pie, antropomorfo, hecho con goma rosada. Había pasado de mano en mano durante ya más de cincuenta años y cada dueño le había añadido un detalle a la figura: una pajarita de papel en el cuello, una cicatriz en una pata, un tijeretazo en la oreja… Cada uno de sus amos había querido dejar huella en él como él había hecho con ellos.
Yo lo encontré en manos de un titiritero hará unos cinco años. Asiduo como era de los espectáculos de guiñol asistí a un festival de títeres intentando conocer mejor el arte y así olvidar algunas de mis penurias que ahora no vienen al caso.
Como he dicho, era muy aficionado a este tipo de espectáculos y había visto ya cientos, pero nunca como el que contemplé en aquella ocasión. En un primer momento uno no hubiera notado diferencia entre uno normal y aquel. Pero a los minutos de empezar quedé sobrecogidos por la viveza de los muñecos que, aunque se veían de madera y tela, parecían vivos en sus movimientos de cejas, labios, manos. La agilidad de sus gestos no nacía del arte de un escultor o de la aguja y el hilo, venía de otro sitio. La princesa fue capaz de enamorarme, mientras que la bruja me sumió en un terror infantil y absurdo cuando me miró con sus ojos encendidos. Contuve la respiración mientras la princesa era devorada por un dragón que la destripaba. La función terminó y los títeres desaparecieron. Nadie se movió y solo se escuchaba mi respiración entrecortada. Como despertando de un sueño, los espectadores se fueron yendo pero yo no podía irme sin más, necesitaba saber más.
Siempre he pensado que descubrir a un titiritero por detrás de su teatrillo era un sacrilegio, pero en esta ocasión todo el espectáculo tenía algo de demoniaco así que giré por detrás del pequeño escenario improvisado y dije:
-Disculpe, señor.
No tuve respuesta, pero vi asomar una cabeza entre las cortinillas que tapaban el cuerpo del maestro de marionetas. Una cara vulgar, casi menos expresiva que la de los muñecos que acababa de ver, me miraba amable.
-Disculpe –comencé de nuevo -, me han sorprendido mucho sus muñecos. ¿Los ha hecho usted?
-Sí, sí, yo mismo los hice –me contó saliendo de su angosto cubículo y poniéndose en pie.
-Bueno, son espectaculares, la verdad, nunca había visto unos así, y he visto muchos… Los ojos, los gestos… es que son muy reales ¿sabe?
-Sí, lo sé –dijo con una sonrisa pícara.
-Yo soy muy aficionado ¿sabe? He visto muchos, de hecho alguna vez he pensado en dedicarme a esto ¿sabe? Le tengo mucho cariño a este espectáculo.
-¿En serio? –me preguntó sin curiosidad.
-Sí, sí, de verdad, yo… yo siento que los muñecos son un más allá de esta vida ¿sabe usted? Y al ver los suyos, tan reales, tan auténticos, he visto ya no la metáfora de la marioneta, sino el cuerpo mismo del ser humano, más vivo, más real que el humano mismo.
Él se me quedó mirando con su cara de queso de bola y solo dijo:
-Acompáñeme.
Lo seguí entre la gente del festival de títeres y me llevó a una pequeña furgoneta blanca.
-Le contaré algo que no todos entienden y no todos creen, pero sus palabras me han hecho pensar, su pasión por los títeres… -dijo sin acabar la frase.
Del bolsillo sacó una pequeña figura, un muñeco de unos cuatro centímetros: el cerdito de goma.
-Se trata de un antiguo objeto misterioso –comenzó -. Nadie sabe muy bien cómo funciona, pero da a quien lo tiene un poder sobrenatural. A veces simplemente concede el amor, otras hace que alguien sea especialmente bueno en una tarea. De ahí la magia de mis títeres. Ahora quiero dárselo.
Me quedé estupefacto.
-Pero… ¿cómo va a dármelo? Perderá su magia, es un objeto muy valioso.
-Ha visto usted mis títeres ¿verdad? Son auténticos, más auténticos que la vida. Pero son siniestros. Y estoy cansado. Usted aún tiene energía y pasión. Tome mi relevo –y depositó el cerdito en mi mano temblorosa, no sin antes arrancarle un trocito de oreja.
Ni que decir tiene que nunca conseguí que mis muñecos adquirieran la magia de aquellos. Bien es verdad que tampoco me interesaban tanto. Pero sí que empecé a notar ciertos cambios en mi vida. La seguridad que el tótem me había conferido rebosaba por mis poros. Empecé a pisar la calle con más fuerza y a mirar a mis semejantes desde arriba. Yo tenía el cerdito; ellos, no. Creí que era el momento de usar y abusar de esta circunstancia.
El día que decidí probar mi nuevo poder me levanté temprano y me arreglé cuidadosamente. Cogí todo lo que necesitaba y sostuve el cerdito en mis manos, lo contemplé y sonreí sintiendo su fuerza. Por fin iba a poder conseguir lo que quería. “Podrás conseguir el amor”, había dicho el titiritero. Pero eso no me interesaba, sino más bien su antónimo, yo quería conseguir el odio, tan raro en estos días de ternura empalagosa. Pero siempre he tenido el defecto de ser muy dulce y no poder hacer esas cosas que se pueden hacer solo con odio, qué sé yo, tener una pelea callejera, quitarle el puesto de trabajo a un amigo…
Tenía claro a dónde tenía que ir y me sentía con el suficiente ímpetu como para no pensar en otra cosa más que en mi misión. Fui andando a mi destino, sintiendo el cerdito en mi bolsillo. Llegué a la casa a donde iba y subí la pequeña escalera de forja que separaba la calle de la puerta. Una mujer mayor me abrió la puerta después de llamar yo:
-¡Hijo! Pero… ¡tú aquí!
Y le descerrajé tres tiros sin pensarlo mucho.
Me pareció una irresponsabilidad dejar el cerdito tirado por ahí, pero después de crear mi magia, cambiar el mundo un poco, no sentía la necesidad de tenerlo más, así que se lo di como juguete al primer niño que vi, explicándole, de una manera infantil, el encanto del objeto. Le coloqué una pequeña arandela en la nariz al cerdito y se lo entregué al niño, que jugaba pacíficamente con un palo de madera.

martes, 9 de agosto de 2011

22:07

Reaprender las costumbres de los hombres,
apuntar en un bloc sus actos para investigarlos y entenderlos,
saber cómo tomar café, decir que sí, decir que no 
y sus cantidades idóneas en cada caso.
Desintoxicarse del pasado, poco a paso, con sus posos,
aguantar las contracciones del recuerdo,
seguir adelante sin darse cuenta.

sábado, 6 de agosto de 2011

21:49

¿Dónde está el derecho a ser débil,
a necesitar de otros,
a caer y no levantarse de inmediato,
a llorar sin un buen motivo,
a ser compulsivo e impulsivo?
Nos están engañando.

lunes, 1 de agosto de 2011

15:34

Máquinas bien engrasadas, no siempre
porque hacer el amor es como mantener una cometa en el aire,
porque todo es de esta manera
y si se cae, pierdes.
Y poco a poco o de repente
iremos perdiendo la sensibilidad.
Mientras tanto en la piel
olor a mar.

miércoles, 27 de julio de 2011

12:37

Camino entre las telas y los tules
como si Fortunata y Jacinta (época) se tratara.
Aprecio pequeños detalles de las sedas,
admiro una rana de pedrería,
pateo escalones, mil años nos contemplan.
Todo va a ir bien
porque existen hilos sueltos
y son hermosos.

sábado, 23 de julio de 2011

19:00

Que la vida está llena de hermosas y terribles contradicciones
como que sea yo tan amante de los gatos y me den tanta alergia.
Que es irónico dejarse la espalda trabajando para conseguir dinero y operarse la espalda,
o estar triste por aquello que nos pone todavía más tristes.
Y que es así, muy sin remedio.
Una pequeña historia, grano de arena,
y entre un número y otro, infinitos otros,
muy poca cosa,
muy poca
cosa.

lunes, 18 de julio de 2011

16:01

Me llevo mucho amor y muchas dudas
y una enorme y terrible sensación de no haber entendido nada,
de ser inocente, y eso es bueno,
aunque esté perdida en un mundo grande, grande.
Tengo a mi hombre que me ama
y un reino sin súbditos, valientes y luchadores.
No,
no sé lo que nos va a pasar,
pero estoy dispuesta a encontrármelo de frente 
y atenderle como se merece.

sábado, 16 de julio de 2011

15:44

Con la mirada de César Borgia en el semblante,
caminando fuerte,
heavenly, heavenly,
sin mucho cuidado, pues es verano,
me dirijo quizá a mi destino, quizá a otra estación de paso.
Esta vez seré más lista
sin olvidarme de ser un poco tonta.
Y espero que me dejen, al menos
acordarme de quién era, de quién fui
antes de morir del todo.

miércoles, 13 de julio de 2011

EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA (y II)

Sobresalía entre la poca hierba del lateral. Ya me había fijado en que en ese desierto de arena compacta había una pequeña parte herbosa, pero no había visto más, ni me había fijado. Pero allí, parado, mascando la derrota, bajo el canto pesado de las chicharras vi una piedra grisácea asomando entre la hierba. Parecía un sílex, puntiaguda y plomiza. Siempre he tenido obsesión por el sílex porque mi padre me había contado que con eso hacían en la prehistoria las armas. Y allí estaba, asomando simple, llana, la piedra con la que los primeros hombres hicieron lanzas, hachas, cuchillos.
-Eh, mirad, con eso podemos hacer el hoyo. Tiene punta –dije mientras me levantaba sin perder de vista la piedra.
-¿Dónde? ¿El qué? –dijo Mario sin mucho interés.
-Allí, en la hierba, hay una piedra con punta.
Julián se levantó y se puso a mi lado para mirar donde yo miraba. Empezó a caminar hacia la zona con vegetación. Yo le seguí, no fuera a ser que al tanto de haber encontrado la parcela se apuntara la de recoger y usar la piedra. Era mi cuchillo y yo debía usarlo, así que troté hasta ponerme a su alcance.
Llegamos ambos a la vez al lugar. Vista desde cerca la piedra no parecía tan maravillosa porque tenía un aspecto frágil, como si estuviera hecha de tierra, como estas piedras engañosas que no son más que barro, pero era grande, alargada, como de diez centímetros y, sobre todo, lucía un vértice que podía clavarse con ayuda de la pesada llave inglesa. Me agaché para recoger la piedra, pero estaba incrustada en la tierra. Julián empezó a tirar conmigo, poniendo sus manos sobre las mías y haciendo que me clavara algunas aristas de la piedra. La soltamos ambos al poco rato porque nuestras manos se estaban poniendo blancas de tanta fuerza que hacíamos. Tirando de la piedra descascarillamos la tierra que habíamos sospechado que tenía alrededor y apareció una forma geológica extraña. Ahora parecía más bien una estalactita, más bien la sección de una estalactita, porque tenía un pequeño hueco en su interior. Así lo dijo Mario, que acababa de llegar por detrás de nosotros.
-Es como una estalactita partida. Lo de que cuelga de las cuevas, que es como un colmillo gigante, pero como si lo hubieran partido y se hubieran quedado los pinchos mal cortados.
Efectivamente, al seccionarse era como si se hubieran quedado astillas de piedra muy finas e irregulares.
-Eso es un tubo –dijo Julián.
-Qué va a ser un tubo, mira las astillas. Será de la madera –afirmó Mario.
Me acerqué a tocarlo otra vez. No tenía el tacto de la madera, no era rugoso como ella, pero sí tenía algo de vegetal, de blandura de tierra. Me tumbé para que mi nariz quedara a su altura y olfatee mientras mis amigos se reían a mi espalda. Olía a patatas podridas, pero no tan fuerte, más suave, pero desagradable. Saqué la cuchara que me había guardado en el bolsillo al ver la piedra y empecé a escarbar alrededor de la piedra. Aquí la tierra estaba mucho más blanda y comparada con la de la superficie donde intentábamos hacer el hoyo, era una delicia a pesar de las raíces de las hierbas. Mis amigos se habían acuclillado a mi lado y observaban atentos la extracción de la piedra. De momento ya había profundizado unos diez centímetros más. Se veía que era algo largo, como un tubo tal y como Julián había dicho. Según iba sacando tierra, la piedra iba aumentando su diámetro que había pasado de ser de uno o dos centímetros a casi cuatro. Mis amigos comenzaron a tirar a dúo de la piedra, cuya superficie expuesta era ya tanta que se podía agarrar con facilidad. Por fin, la piedra salió haciendo que mis dos amigos cayeran sobre su espalda mientras yo escupía la tierra que me había salpicado al salir la piedra.
Mario era quien sostenía la piedra por su extremo astillado, contemplado el extremo que había quedado ahora al descubierto. Julián lo miraba con el ceño fruncido. No sabía si Mario había comprendido, yo tardé unos segundos antes de escupir mil veces más la tierra que había rodeado al objeto.
-¡Es un hueso! –dijo al fin Julián -. Es el hueso de la pierna, este, este de aquí –decía como un loco señalando su muslo.
Mario sopesaba el hueso, le daba vueltas, lo limpiaba de tierra. Finalmente se acercó a la parte seca de la tierra y con un grito gutural lo clavo en el suelo por su parte puntiaguda. Se hundió casi hasta la mitad.
-Servirá para la trinchera –dijo Mario alejándose y dejándonos a Julián y a mí atónitos. Yo escupí un poco más aún antes de asumir el uso de la nueva herramientas. Ya dije que no era el lugar más bonito del mundo, pero era nuestro.

martes, 12 de julio de 2011

EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA (I)

No era el lugar más bonito del mundo, pero a nosotros eso no nos importaba porque cuando se es pequeño no se distingue entre “bucólico” y “espantoso”, sino entre “útil para la diversión” e “inútil para el entretenimiento” y el improvisado almacén de maderas que se nos presentaba delante era el paraíso para tres niños aburridos que pasaban en la calle demasiado tiempo sin hacer nada.
Fue Julián el que nos dio noticia de la existencia del solar lleno de tablones. Nos llevó a verlo orgulloso del hallazgo y, la verdad, tuvimos que darle la enhorabuena. Se trataba de un terrado desolado con maderos aquí y allá que bien podían usarse para hacer un fuerte, un escondite o un pequeño club. Estaba lo suficiente alejado y desierto para que los mayores no nos regañaran simplemente por estar allí. Ya teníamos experiencia en otros lugares parecidos y siempre había alguien, el dueño, un transeúnte, que parecía sufrir viéndonos pasarlo bien.
Decidimos hacerlo nuestro un domingo por la tarde. Recuerdo que hacía mucho calor porque todos buscábamos el refugio debajo de alguna madera apoyada en el muro que cercaba el terreno.
-Bueno, y ¿ahora qué hacemos? –preguntó Mario, el mayor del grupo que contaba 15 años.
-Podemos hacernos una casa –propuse yo, siempre queriendo tener un refugio.
-Ya, claro, pero a ver cómo cargamos con las maderas –comentó Julián, el más pragmático de los tres.
-Las hay más pequeñas –insistí yo aún un poco.
Pero finalmente fue Mario el que se impuso con su idea que a todos nos pareció la mejor: haríamos una trinchera. Me satisfacía porque no dejaba de ser un refugio y a Julián le parecía más fácil excavar poco a poco un hoyo que intentar montar unas paredes y un techo.
Miramos a nuestro alrededor intentando buscar algo que nos sirviera de herramienta, alguna madera astillada, alguna piedra, pero en aquel pequeño páramo no había ni un solo canto y todas las maderas, apiladas al fondo de la propiedad, estaban perfectamente cortadas lo que impedía que pudiéramos hollar la tierra con ellas. Nuestro sueño de tener nuestra propia trinchera se esfumó, pero empeñados en ellos decidimos volver al día siguiente, después de las clases, con algo con lo que pudiéramos trabajar. El sitio era perfecto. Aunque la tierra pareciera dura, el lugar absolutamente despoblado era excelente para nuestros planes infantiles.
Al día siguiente nos presentamos los tres en el mismo lugar. Julián llegó el primero y nos esperaba con una llave inglesa en la mano. La miré escéptico.
-Con eso no vamos a hacer nada –le dije.
-Tú ya verás, que con esto yo ablando la tierra y luego vosotros caváis.
Mario trajo una pala de plástico de las que se usábamos en la playa cuando éramos bebés. Yo llevé una cuchara, seguro de portar la mejor arma. Pero viendo el suelo rígido me di cuenta de que poco teníamos que hacer.
Empezamos a trabajar bajo el sol de la tarde, sudando como condenados a trabajos forzados. La tierra estaba seca, dura, imposible de herir. Julián golpeaba con su llave inglesa intentando destrozar a terrones la corteza mientras nosotros hincábamos nuestras palas lanzando pequeños grititos que nos salían de dentro de los pulmones por el esfuerzo realizado. Algunas veces, bajo la llave de Julián, saltaban pequeñas piedritas que se nos metían en los ojos. Yo empecé a respirar por la boca, fatigado. Vi cómo el pecho de Mario se movía rápidamente y su rostro aparecía furioso, casi desencajado. Hacer ese hoyo era una cuestión de orgullo personal. Necesitábamos algo con punto, no nuestros útiles romos.
Paramos un momento extenuados, deshechos en sudor y desmoralizados: en tres cuartos de hora solo habíamos hundido levemente la primera capa de tierra seca. Nos tumbamos reclinados sobre nuestros codos recuperando el aliento. Entonces fue cuando lo vi.

domingo, 10 de julio de 2011

12:41

Ya ves,
a las cabañas subí,
a los palacios bajé,
me enfangué con duda e improvisación
y la bomba no pudo detenerse,
no salían las cuentas (dos más dos)
ni con ábaco ni con papel.
Tal vez me digan que el círculo era demasiado grande
y no entenderé absolutamente nada
y el parámetro cambie
y yo me quede fuera
con todo vuestro amor.

viernes, 8 de julio de 2011

18:03

No puedo bajar la guardia y seguirá doliendo
que el sujeto A pida y comunique y sea con el sujeto B
y desde la lluvia, el pantano o simplemente
un afuera más bien falso
yo, sujeto C, miro.
En mi centro la duda quema
¿cómo hacer esto de encontrar al otro
sin que el otro arrase a su paso,
sin amarrarlo y encadenado y asfixiado con mi miedo?
No hice el ritual del fuego y eso
tuvo consecuencias nefastas.
Me quedo al margen.
Y, aunque es mentira,
en mi cabeza
esto es un hecho.

miércoles, 6 de julio de 2011

23:55

No pasa nada, tranquilos,
perdéis amigos soñando con casas de adobe,
viajando al norte solos, siempre solos,
con gente y solos,
probando el límite porque ignoráis
que un beso, un abrazo, una cara amable
(o una noche nueva)
ya puede llevaros a los cielos.
No pasa nada, tranquilos,
estad atentos e informados,
ved cómo pasa en el telediario
la vida que siempre quisistéis,
siempre sin tiempo
o incapaces de domarlo.
No pasa nada, tranquilos,
perdéis amigos
ya muy cansados.

lunes, 4 de julio de 2011

15:29

Estoy con el princeso, triste, triste,
al lado, ileso y vestido de oscuro,
muy siglo XVII, muy gris, muy negro.
Siempre con ojos que taladran por no hablar,
ni un exceso verbal, contenido, comedido,
el princeso suspira siempre zambullido en sí mismo,
un poco Maquiavelo,
y olvida cuántas flores
han muerto a su paso.

sábado, 2 de julio de 2011

23:56

Al final
eres como los jefes,
como los parkings de los supermercados,
como el que deja de escribirte y desaparece,
como el que te niega el saludo en un pasillo.
Al final
eres como todos
porque si gano uno
sé que pierdo otro.

jueves, 30 de junio de 2011

martes, 28 de junio de 2011

12:00

La relación te hará entenderte.
Contarlo todo,
desde la escabrosa fantasía con el canadiense
a la vergüenza de saberse uno débil.
Contarlo todo,
como respetándose,
y si no se cuenta,
queda una deuda pendiente.

domingo, 26 de junio de 2011

19:34

Hemos visto Inkheart,
los pasos del siguiente mortal,
de memoria lo he aprendido, bulímico mental,
leyendo o no, entendiendo o no.
Siendo felices, qué...
No alcanzaré la tierra prometida,
que cierran a las ocho y media.
He pasado por Noviciado,
todo era hermoso.
Y me besaste en los labios,
tal y como prometiste hace diez años que harias.

viernes, 24 de junio de 2011

22:05

Entre los árboles del bosque, el trueno
y el relámpago se iban adentrando.
Y el lobo acompañaba a la tormenta.

Amalia Bautista


Me vertiginan las líneas verticales, miro arriba,
y también lo que tú enseñas y yo escucho,
cara apoyada en la mano.
No sé muy bien de qué estoy enamorada,
posiblemente de un átomo pequeño y extraño que no comprendo,
de mí misma, de mi espejo, de un señor calvo y viejo que me quiere.
No lo sé.
Naturalizo, que ya es mucho.

miércoles, 22 de junio de 2011

18:38

Al Cable Azul, por el martes

Es un poco martes este martes, a eso de la hora de merendar.
Un poco de música, pero te queda chico el día,
y eso que no te ha crecido el alma,
ha encogido con la lluvia y saltas las costuras cuando respiras a todo pulmón.
Que nadie tiene un momento para darte aire,
ni el sol, ni el cielo, ni el oxígeno, ni Blur, ni Coldplay.
En unas pocas horas estrenas día nuevo,.
Esta vez,
no la pifies.

lunes, 20 de junio de 2011

18:26

Una mirada magnum que lo arregle todo
suele ser apañada, certera, pero difícil.
Sueño con cruzar una plaza (solo espero que no llueva)
y, corriendo, abrazarte.
La esquina, el bar, la canción,
lo vendo todo, ya no lo quiero.
Y si sigues pensando
que fuiste de usar y tirar
entendiste mucho menos de lo que crees
aunque vales mucho más de lo que pagué por ti.

sábado, 18 de junio de 2011

12:10

Lo hago como puedo, como me dejan, como quiero, sí.
Voy ganando terreno a mis vecinos, muevo sus lindes.
Planto en cada palmo de tierra yerma una semilla ocupante
(el pasajero no es solo el que pasa, sino tambiénm el que ahí está, de momento)
Intento ser amable con las cuestas y los días.
Preparo la cena para los seres queridos.
Y ellos me devuelven, si cabe,
una sonrisa, una caricia.

jueves, 16 de junio de 2011

18:01

Si me acompañas no tengo, por eso, ni hambre, ni frío, ni miedo ni sueño

Maldita Nerea


 ¿Y si todo un poco más sencillo?
¿Y si tiempo ni perdido, ni ganado, ni gastado, ni matado, ni molido?
¿Y si suerte es que el tren llegue y yo pueda levantarme y cogerlo contigo?
O mejor
¿y si ignoro el tren y busco el amor donde sé que está seguro?
Y digo adiós a cosas ¿bellas?
y digo hola a ti, a ti, a ti.

martes, 14 de junio de 2011

LUZ DE TARDE


Entré en la cocina y noté que estaba fresca, mucho más que bajo el sol abrasador de la calle, lo cual era un descanso para mi piel. Se trataba de una cocina antigua, de casa de pueblo, amplia y con unos gruesos muros que aislaban del calor, aunque no tanto del frío. Por la ventana y a través del blanco visillo se filtraba la luz naranja de la tarde. Me sorprendió el color casi sobrenatural. No recordaba haberlo visto tan puro, tan plano, tan sin matices: naranja. Bajo la ventana había un frutero con limones que maduraban lentamente y llenaban la estancia de una fragancia dulzarrona y pesada. Me aproximé a ellos, ya que era lo que había ido a buscar. Tomé uno en mi mano izquierda y lo palpe. Pesaba, lo cual indicaba que estaba lleno de zumo. Acaricié su piel rugosa, pero suave, brillante y olorosa, muy fina. No quise coger un cuchillo para abrirlo e introduje directamente mis dedos en él aproximadamente por la mitad, haciendo brotar el zumo pegajoso. Desgajé el limón en dos partes y acerqué mi lengua a una, notando en los laterales el escozor de su acidez. Froté una parte del limón con la piel de mi mano derecha, donde tenía la picadura de un insecto. Mi abuela me había comentado que el zumo de limón aliviaría el picor y decidí probarlo porque no había ya nada que consiguiera aplacar la irritación. Noté enseguida que la comezón se aliviaba, aunque una aguja de escozor entraba por algunas pequeñas heriditas que tenía en la piel alrededor de las uñas. El alivio que notaba, sin embargo, era mayor, y me embargó la alegría de la victoria sobre aquella picadura de no sabía qué insecto. Por primera vez desde que empecé a sentir el picor y el ansia por rascarme noté un poco de paz. Me alegró que hubiera algo que calmara ese incómodo picor, pero empezó a preocuparme el no saber qué lo había producido. Aparté el limón para observar mejor la picadura. Llevaba tres días con la hinchazón y empezaba a tener mal aspecto. ¿Y si era algún animal muy venenoso? Rechacé la idea porque ni estábamos en el trópico ni me encontraba mal físicamente, aunque me doliera un poco la garganta. No me había acordado de ese dolor hasta ahora pero ahora lo sentía ahí, ese pinchazo, esa quemazón. ¿Y si estaba relacionado con la picadura? Hice un esfuerzo por recordar cuándo había comenzado a sentirlo. Sí, aproximadamente dos días, desde la picadura. Por mi cabeza pasaban figuras de seres míticos que podían haberme atacado, tal era mi estado de preocupación. Mi nerviosismo iba en aumento, pensé en ir al médico, en ir a urgencias, casi estaba a punto de salir corriendo de la cocina, ya había tirado el limón a cualquier parte loca de miedo cuando levanté la vista y volví a ver la luz, ya no tan naranja, sino más bien rosada, purpúrea. Me relajé en el acto. Todo iba bien.

lunes, 13 de junio de 2011

18:03

Yo no puedo escribir una novela,
ni mala, ni buena.
No puedo contar la verdad mía
ni la mentira vuestra.
me supera, simplemente,
arrojarme al vacío de una realidad que perdura más allá del largo de mis piernas.
Aunque ya es tarde y muchos de vosotros, amigos,
no existís más que en mi cabeza.

sábado, 11 de junio de 2011

23:50

Mirar la mano ensangrentada de la niña que escupe rabia por los nudillos,
sentir la ola de amor que nunca me llega de ti,
querer escribir tu novela para poder apresar tus ojos,
hacer mi trabajo, palabra por palabra, año tras año,
acostarme, dormir, no soñar,
olvidarme de los buenos propósitos, las abdominales, la meditación,
abusar de la medicación,
prefeir Vesubio horizontal efímero a mano sobre mano
y no sentir nada.
A eso lo llamo felicidad,
aunque sea el fin de la poesía.

jueves, 9 de junio de 2011

17:10

Me habrás notado un poco así como tranquila.
Pero no te fíes.
En todo caso agradezco tanto, tantísimo
las sinceras tonterías
dichas así a nadie
que me dan un poco de ancla,
un poco de cuerda
y un poco de aire.
Seguir regando las flores
y
pensar, si no saber,
que si se secan
intentarás plantar algún hierbajo.

martes, 7 de junio de 2011

16:30

Tú no estás, tú apareces.
Contigo no se habla, se intercambian frases.
Tú no eres, existes.
Tú no andas, te escapas como pez escurridizo.

domingo, 5 de junio de 2011

12:20

No me hagáis daño,
quiero decir,
no es que intentéis hacerme nada, 
ni que fuera yo...
Pero a veces me lo hacéis,
con púas finas, con grandes mazas.
No me hagáis daño
con esas palabras secas y secadas,
con esos silencios
(no, no voy a decir que no dicen nada)
con esos silencios como cuerdas de guitarra,
con las miradas ultracontinentales.
Y sobre todo,
con el hecho ya tan repetido
de olvidar que soy humana,
al fin y al cabo.

viernes, 3 de junio de 2011

19:35

Donde nadie se ha atrevido entrar...

Tú ya deberías saberlo,
sólo hay que quedarse callado y un poco quieto
y ya todo irá rodando.
Puedes destripar a cualquier animal con solo escucharle,
desnudar los ojos más oscuros.
Viva la dependencia de esta rutina
tan poco dolorosa.

lunes, 30 de mayo de 2011

14:50

Hay gente, personas, individuos,
muy ignorantes que dicen "nuestra gente"
a una gente ajena y dolorida.
Hay personas, individuos, gente
que se ríe de las gracias de tus amigos
aunque no las entiendan
solo porque tus amigos son realmente ingeniosos
y ellos un poco simples
y no simples como una piruleta o un bolígrafo Bic,
sino simples como esas cosas que no valen para nada
y anuncian en la teletienda.

Nunca quise hablar de ti con ellos
porque nunca quise que fueras
materia de conversación,
sino más que eso.