sábado, 12 de marzo de 2011

78

Hay cosas milenarias o al menos centenarias,
arquetípicas y claras,
no espesas de hastío.
Que vayamos a cenar
y pidamos diferente
para cambiar los platos, enjuagues y compartes.
Quejarnos de aquel otro
que habla demasiado
o demasiado poco
y nunca encontrarnos
el justo punto medio.
Currucus a los niños,
las niñas y sus novios,
dolor en las rodillas,
extintores muertos al pie del desuso.
La indignación surgida
del fuera de contexto.
Paracetamol de día,
de noche, ibuprofeno.
Hay cosas milenarias o al menos centenarias
que no cambiarán nunca
a menos que cambiemos.

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