Ahora que sé, aunque no comprenda,
que de nada sirve enfadarse ni pedirte,
que el respeto a la piedra
es lo poco que puede hacer el viento que apenas erosiona,
que sabe que ella jamás entenderá
que la está acariciando apenas.
Ahora que sé estas cosas públicas y anónimas
puedo calmarme,
sentarme en la arena
y que el mar me cubra.
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