lunes, 14 de febrero de 2011

72

Me muevo entre la gente
como entre un rebaño de erizos.
Con ese juego de no decir las palabras prohibidas
de los nombres propios que le incomodan.
Hablo, hablo, hablo, y nunca digo nada de nada
y si me descubro exhalando algo de contenido, muerdo mi lengua.
Con aquel llevo una cuidadosa mecánica distante,
el frío en cada "hola",
escojo el hielo de cada vocablo del español.
Y al fin así con todos,
jugamos a escondernos
mintiéndonos por miedo
a dejar de hablarnos del todo.

No hay comentarios: