domingo, 17 de abril de 2011

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¡Quién como tú, Platero, pudiera comer flores... y que no le hicieran daño!

Juan Ramón Jiménez

Algunas tardes resecas
los tallos amarillos traen caracolillos
de esos que cogía yo una vez
para que alguien los echara en la sopa, vaya un asco. 
Pero es hermosa la estampa.
A veces hay una emoción agazapada en un libro, entre las páginas.
No es que te esté esperando, no seamos ególatras, 
pero está ahí, para ti o para otro. Y salta. Y te asalta.
Todo parece decir "aquí estoy" ahora que ha llegado el momento
del inicio. Dos puntos convergen como siempre:
otoño, primavera, sois lo mismo.

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