miércoles, 18 de mayo de 2011

32

A veces quisiera tener la palabra última,
que no la última palabra.
Esa que cuando se diga ya no hiciera falta más nada.
No sé si nace esta tristeza del tiempo perdido 
deslizándose, resbalándose 
hacia un hoyo vacío de tiempo vacío.
Un corazón muy pesado,
una boca hecha de todo lo gris del universo.
Yo no quisiera avanzar hacia la salida de este túnel de miseria
donde tú y yo somos meros conocidos que no se ven,
ceguera interna.
Quisiera tener esa palabra que tú entendieras,
que al pronunciarla todo, sin más, fuera,
en vez de sostener en mis grandes manos vacías
objetos que no entiendo.

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