domingo, 5 de junio de 2011

12:20

No me hagáis daño,
quiero decir,
no es que intentéis hacerme nada, 
ni que fuera yo...
Pero a veces me lo hacéis,
con púas finas, con grandes mazas.
No me hagáis daño
con esas palabras secas y secadas,
con esos silencios
(no, no voy a decir que no dicen nada)
con esos silencios como cuerdas de guitarra,
con las miradas ultracontinentales.
Y sobre todo,
con el hecho ya tan repetido
de olvidar que soy humana,
al fin y al cabo.

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