martes, 14 de junio de 2011

LUZ DE TARDE


Entré en la cocina y noté que estaba fresca, mucho más que bajo el sol abrasador de la calle, lo cual era un descanso para mi piel. Se trataba de una cocina antigua, de casa de pueblo, amplia y con unos gruesos muros que aislaban del calor, aunque no tanto del frío. Por la ventana y a través del blanco visillo se filtraba la luz naranja de la tarde. Me sorprendió el color casi sobrenatural. No recordaba haberlo visto tan puro, tan plano, tan sin matices: naranja. Bajo la ventana había un frutero con limones que maduraban lentamente y llenaban la estancia de una fragancia dulzarrona y pesada. Me aproximé a ellos, ya que era lo que había ido a buscar. Tomé uno en mi mano izquierda y lo palpe. Pesaba, lo cual indicaba que estaba lleno de zumo. Acaricié su piel rugosa, pero suave, brillante y olorosa, muy fina. No quise coger un cuchillo para abrirlo e introduje directamente mis dedos en él aproximadamente por la mitad, haciendo brotar el zumo pegajoso. Desgajé el limón en dos partes y acerqué mi lengua a una, notando en los laterales el escozor de su acidez. Froté una parte del limón con la piel de mi mano derecha, donde tenía la picadura de un insecto. Mi abuela me había comentado que el zumo de limón aliviaría el picor y decidí probarlo porque no había ya nada que consiguiera aplacar la irritación. Noté enseguida que la comezón se aliviaba, aunque una aguja de escozor entraba por algunas pequeñas heriditas que tenía en la piel alrededor de las uñas. El alivio que notaba, sin embargo, era mayor, y me embargó la alegría de la victoria sobre aquella picadura de no sabía qué insecto. Por primera vez desde que empecé a sentir el picor y el ansia por rascarme noté un poco de paz. Me alegró que hubiera algo que calmara ese incómodo picor, pero empezó a preocuparme el no saber qué lo había producido. Aparté el limón para observar mejor la picadura. Llevaba tres días con la hinchazón y empezaba a tener mal aspecto. ¿Y si era algún animal muy venenoso? Rechacé la idea porque ni estábamos en el trópico ni me encontraba mal físicamente, aunque me doliera un poco la garganta. No me había acordado de ese dolor hasta ahora pero ahora lo sentía ahí, ese pinchazo, esa quemazón. ¿Y si estaba relacionado con la picadura? Hice un esfuerzo por recordar cuándo había comenzado a sentirlo. Sí, aproximadamente dos días, desde la picadura. Por mi cabeza pasaban figuras de seres míticos que podían haberme atacado, tal era mi estado de preocupación. Mi nerviosismo iba en aumento, pensé en ir al médico, en ir a urgencias, casi estaba a punto de salir corriendo de la cocina, ya había tirado el limón a cualquier parte loca de miedo cuando levanté la vista y volví a ver la luz, ya no tan naranja, sino más bien rosada, purpúrea. Me relajé en el acto. Todo iba bien.

No hay comentarios: