lunes, 30 de mayo de 2011

14:50

Hay gente, personas, individuos,
muy ignorantes que dicen "nuestra gente"
a una gente ajena y dolorida.
Hay personas, individuos, gente
que se ríe de las gracias de tus amigos
aunque no las entiendan
solo porque tus amigos son realmente ingeniosos
y ellos un poco simples
y no simples como una piruleta o un bolígrafo Bic,
sino simples como esas cosas que no valen para nada
y anuncian en la teletienda.

Nunca quise hablar de ti con ellos
porque nunca quise que fueras
materia de conversación,
sino más que eso.

domingo, 22 de mayo de 2011

59

Esto también es algo nuevo para mí,
dame oportunidades de mejorarlo,
no te rindas a la primera, ni a la segunda.
Puedo conquistar la tierra entera
y de nada serviría.
Solo lo que atrape entre las manos
será mío al fin y al cabo.
Detente:
imagina por un momento
lo que es vivir mi vida.

viernes, 20 de mayo de 2011

miércoles, 18 de mayo de 2011

32

A veces quisiera tener la palabra última,
que no la última palabra.
Esa que cuando se diga ya no hiciera falta más nada.
No sé si nace esta tristeza del tiempo perdido 
deslizándose, resbalándose 
hacia un hoyo vacío de tiempo vacío.
Un corazón muy pesado,
una boca hecha de todo lo gris del universo.
Yo no quisiera avanzar hacia la salida de este túnel de miseria
donde tú y yo somos meros conocidos que no se ven,
ceguera interna.
Quisiera tener esa palabra que tú entendieras,
que al pronunciarla todo, sin más, fuera,
en vez de sostener en mis grandes manos vacías
objetos que no entiendo.

domingo, 15 de mayo de 2011

45

Descreerse no funciona,
ni tampoco sus sinónimos.
Perdido el arte en cualquier cuneta
queda seguir creyendo que no pasa nada,
vivir la mezquina mentira de la verdad que trasciende,
sufrir la humedad de cada balde que hace grietas.
Ni la falta de fe, ni la desconfianza,
ni la coraza de piedra, ni la de hierro,
ni amar cada vez un poco menos
Nada nos salvará
de la soledad multitudinaria.

sábado, 14 de mayo de 2011

PEQUEÑO ATRACO


El cajero de ahora no recuerdo qué banco quedaba a la altura de mi barbilla. Si alzaba la mano derecha podía alcanzar las teclas. Con la mano izquierda me sujetaba de unas baldas de plástico beige para elevarme unos centímetros e intentar alcanzar las teclas que quedaban más al fondo.
El cajero estaba situado a la salida de un hipermercado, plantado en medio de todo el bullicio de un gran centro comercial. Cientos de personas pasaban a mi espalda, casi todos con prisa empujando carritos, acarreando bolsas en un pandemónium conocido y ya casi insignificante para mí. No me interesaba más que lo que tenía delante.
Juguetee con los números grabados en las teclas de color aluminio. Recorrí la línea del 9 al 1, del 1 al 7 concentrada con mis cinco sentidos en ellos. Más allá de mis manos que comprobaban el frío metal, mis oídos esperaban oír un pitido tras la presión que ejercían mis dedos, mis ojos esperaban ver cómo se hundía cada botón y, al mismo tiempo, recuerdo que me llegaba el olor de una pastelería cercana. “Croissants”, recuerdo que pensé sin levantar la vista de la fascinante pantalla que siempre me pedía que introdujera mi tarjeta.
No sé exactamente cuándo sucedió. No sé si llevaba cinco o diez minutos acariciando la consola del cajero; no sé cómo vino, ni cómo se fue, pero sí recuerdo que el aire cambió, se hizo pesado justo en mi nuca mientras una voz varonil y punzante dijo:
-Arriba las manos, esto es un atraco.
No me moví. No respiré. Con toda la lógica de la infancia articulé unas palabras en mi cabeza que jamás llegué a pronunciar porque no tenía saliva, ni oxígeno, ni sangre en las venas. “Solo soy una niña” fue la frase que se me quedó entre la garganta y los labios. Una oración sensata donde las haya que no requería más explicación. Una protesta, casi, un acto de rebeldía porque los niños, caballero atracador, no tenemos dinero y mucho menos tarjeta de crédito.
Me giré solo cuando estuve segura de que ya no había nadie detrás. Vi la habitual agitación del centro comercial. Los mismos carritos que ya eran otros, las mismas personas cargadas, todo igual de anodino que antes, que siempre. Y en este paisaje de prisas y vituallas un hombre destacaba porque estaba a otra cosa, mirándome fijamente, conteniendo la risa, ahora comprendo que tierna, entonces creí que atroz, aquella risa de sátiro contra la que nos prevenían nuestros padres. “Valiente imbécil”, pienso siempre que recuerdo la historia. “Valiente imbécil”, pienso siempre que yo hago algo parecido con un niño.

martes, 10 de mayo de 2011

17

Fortaleza
para no mirarte, para no perderme
en complicaciones inventadas.
No es lo que hiere,
es lo que suena aquí dentro con poco ruido
y con fuerza de tormenta desgaja miembros.
Rechino dientes y me ato al mástil
para que tú, sirena, no me engañes.
Fortaleza
y un soldado puesto en cada puerta.

domingo, 8 de mayo de 2011

TOALLAS HIRIENTES


No esperaba demasiado del futuro, para qué engañarnos. Quizá un ordenador con teclas más útiles, una comida que saciara de verdad, unas toallas que no hirieran. Sí, sobre todo esto, unas toallas que no hirieran, unas toallas suaves de verdad y no aparentemente suaves, unas toallas de rizo americano, de algodón egipcio o como se quisiera, pero que al tocarlas uno supiera que estaba en casa, que estaba seguro, que estaba con sus toallas.
Abandonó su ensueño al oír el despertador. Hacía años que era él el que esperaba al aparato y no el aparato el que le avisaba a él. La radio sonó “son las 6 de este jueves de la última semana del 2140” Jueves, martes… qué más daba.
Aproximándose al baño tocó las toallas desteñidas, moradas, violáceas, a saber. Raspaban. A pesar de los mil litros de suavizante que había vertido sobre ellas matando a toda la fauna fluvial del planeta.
Tras un desayuno más terapéutico que apetecible, se arrastró hasta la calle. Un riachuelo aceitoso corría por delante de su puerta. Ah, hogar dulce hogar.
Tampoco era tan extraño que uno quisiera un poco de confort en su vida. No estaba pidiendo flores en las ventanas ni esos cojines de felpa, ni esos otros objetos de lujo como las cafeteras o los exprimidores. Pero… toallas…
Se acordó con sobresalto de fiera que debía comprar algo que engullir y mucho, mucho suavizante para la ropa. Giró sobre sus pasos y se encaminó al almacén más cercano. Allí la fila de gente sin rostro no parecía tener fin. “Y sólo son las 8, esto es increíble” La cola avanzaba lentamente. Es posible que ni siquiera avanzara y que cada individuo hecho masa se moviera y pareciera como el mar y su oleaje. ¿Se mueve el mar? ¿Avanza realmente? Y se sintió mal por pensar semejantes tonterías mientras debería solucionar el hecho de que no tenía cómo pagar lo que iba a adquirir.
-Saludos. Quisiera aprovisionarme de 150 gramos de sustancia alimenticia de los tipos A y B, así como de 2 litros de suavizante para la ropa  –le comunicó al altavoz cuando llegó su turno mientras recordaba, tontamente, cómo había sido capaz de sobrevivir el Sistema Internacional de Unidades.
-Introduzca su número –respondió el altavoz.
-No tengo número, ni materia económica –dijo él tranquilamente.
-Introduzca su número –repitió el altavoz.
-Es inútil, no tengo nada –y mientras decía esto recogió lo que había pedido bendiciendo la bonachonería de un mundo donde te daban primero la comanda y luego la pagabas. No todo iba a ser malo.
Se fue caminando despacio, con calma, pensando cinematográficamente que a esa escena le pegaba un cigarrillo. As u espalda la seguridad del almacén ya se abalanzaba para apresarle.
Minutos después, limpiaba sus manos ensangrentadas. No le había pedido demasiado a la vida. Quizá un coche menos contaminante, una nevera que conservara mejor los alimentos, unas toallas que no le hicieran herir.

jueves, 5 de mayo de 2011

51

El no ser perfecta, me hiere

Sylvia Plath

No quiero ser como ella, como ellos, como nadie.
No lo tengo claro, y dudar me avanza, eso al menos.
No encontraré enemigos donde los demás habitan.
Todos los preconceptos posconceptuados.
Todas las heridas y el reconocimiento.
Dejarlo atrás,
como una pirámide maya que se ascidende
y se llega a niguna parte.
Esa es la dicha.

martes, 3 de mayo de 2011

62

Mira,
puedo darle muchas vueltas
o decírtelo al pecho.
Estilo culterano, retruécano e hipérbaton,
o palabra por palabra,
bien clarito y bien directo.
Mira,
lloro mucho, poco acierto,
me equivoco con la gente,
pero sé pedir ayuda,
soy así como pequeña y estúpida,
caprichosa y muy tozuda,
mas lo admito.
Mira,
no pretendo mucho más que lo que tengo,
pero necesito asegurarme de algo,
no te pido un compromiso de permanencia, ni un contrato,
pero que no desaparecieras entre mis dedos,
que no vuelva a sentirme como el niño que vacía el mar con un dedal,
que no eludas respuestas y que me hagas preguntas,
que quemes el protocolo de una vez por todas,
no creo que sea pedir tanto.

100

If a body meet a body
Comin' thro' the glen
If a body kiss a body
Need the world to know?

Robert Burn 

Qué puedo decirte,
no soy muy lista.
Me gusta la idea sencilla
de cruzar un valle junto a otro ser humano.
No necesito más decorado
que el que seamos capaces de crear de poco.
Qué puedo decirte,
no fui inteligente para ciertas cosas
ni ya lo seré nunca,
ni sé si tengo necesidad,
aunque busque siempre desde la carencia.
Qué puedo decirte,
necesito, como todos,
en eso no soy única,
construir desde el cimiento
aun con pocas herramientas.

domingo, 1 de mayo de 2011

33

Me leo entre un peristilo ya muy viejo
y no me reconozco.
No sé si han pasado los meses o las circunstancias,
o esa que quedará en pie cuando yo muera,
quién sabe,
es el enigma original que llevo dentro.
Pero ha ocurrido algo
que me quitó la paz,
que me filtró un veneno.
Y no deja de molestar
ni a sol, ni a sombra,
ni quemada, ni aterida.