viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Dónde estamos todos?
¿Dónde estamos?
¿Qué fue de la niña lista,
más lista que nadie,
con pecas y mala leche
que se fue a Uppsala y allí se pierden sus pasos?
¿Y de aquel que engordó tanto?
Imposible encontrarlo
(y eso que el siglo XXI lo puso fácil)
¿Dónde estamos todos?
¿Dónde nuestro reflejo?
¿Cömo es posible que sigamos presos
los unos de los otros?
¿Y si yo fuera la única que recuerda?
Inocentemente
voy echando el resto
esperando que pase lo mismo más veces.
A cuatrocientas pulsaciones por minuto
y ningún método,
voy aclamando y dando
lo que quisiera recibir de otros
en un círculo vicioso
con poco o ningún sentido.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Porque yo sé de sobra lo que es necesario,
volver a Toulouse en primavera,
encerrarme a solas en una cabaña en el campo.
Porque yo sé de sobra lo que quiero y no quiero,
lo que me ayuda o me enferma,
lo que me vivifica o me enerva.
Porque yo soy la que lleva este cuerpo y esta mente,
la que lo arrastra por todos los pasillos desangelados,
porque yo soy la que, al final,
perderá esta partida.

lunes, 7 de noviembre de 2011

En el caso hipótetico de que creyera
en este juego de amigos y antitéticos,
en esta guerra de frío al frío y muerte al muerto,
no creo que aguantara sin caer en la modorra.
Ni te angusties ni aceleres tu victoria,
es invierno y esto ocurre cada siempre,
yo me aburro, tú te admiras, yo no entiendo
cómo se puede vivir tan despacio.
Mientras, sigo creyendo en traidores
de todas las casas de apuestas.

martes, 1 de noviembre de 2011

Existe esa depresión constante,
la de la noche temprana,
la del cable visto a través del vaho caliente de tu boca,
la del invierno bastante más allá de la estación metereológica.
Existen pequeños detalles para redimirnos,
soñar con los fondos abisales,
controlar los trastornos a base de fármacos absurdos,
entonar melodías para ahuyentar al miedo.