jueves, 2 de mayo de 2013

HA PASADO UN TANQUE

Ha pasado un tanque silencioso, que llamaba a las puertas incluso,
ha pasado y, poco a poco, hemos ido montando en sus ruedas,
riendo como niños que descubren maquinaria nueva,
qué divertidos hemos estado
viendo el mundo de los otros ahí subidos.

Nunca ocurre nada y todo sucede,
una y otra vez la misma escena,
y el tanque sigue comiéndose las calles.

Ni siquiera los que pensaron el futuro, allá en los 60,
se imaginaron que nada cambiaría.
La decepción más estrepitosa:
era plano desde siempre.

Hemos sido imparables, otras veces fuimos
más pájaro que libélula, y ahora
ya no hay bebés, ya no hay cigarras en la siesta.

Y puedo seguir sentada en la puerta de mi casa
viendo pasar mi propio entierro,
y puedo proyectar los más de veinte años que me quedan.

Pero ya ha pasado el tanque
y ha dejado aplastada la tierra, 
los sueños 
y las plantas que crecen en la carretera.

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