martes, 2 de diciembre de 2014

CADA VEZ ODIO MENOS

Eso es la caza:
empeñarse en colocar un ladrillo donde no había otro.
Un crescendo de ira en una madre.
Un poder de convicción desconocido.
Y esto es un año de vida:
algo que sólo suena bien si se ha dicho a otros quinientos.

Cada vez odio menos
el silencio.

jueves, 27 de noviembre de 2014

De gusano a mariposa. El coste de la seda

Hace poco una compañera amiga me preguntó cómo me había cambiado la maternidad. Esta pregunta muchas veces se contesta con un "duermo menos,  apenas salgo de noche, no tengo tiempo para leer..." Esas cosas que, antes de ser madre, te dicen que no harás,  pronosticando un apocalipsis de cansancio y aburrimiento.

Pero ante la pregunta de mi amiga, a la que casi no dejé terminar, dije rápidamente "no lo sé". E inicié un viaje para descubrir ciertas cosas. Vaya por delante que esta es mi experiencia.

No es no dormir lo que supone un cambio. Tampoco lo es dejar de leer.  Es una transformación a otro nivel mucho más profundo. Imagino que depende mucho del tipo de crianza que lleves pero en mi caso el cambio ha sido una cuestión de identidad. Dejas de ser tú para pasar a ser "la madre de".

¿Quién eres?  ¿Qué te hace ser quien eres?  ¿Tu profesión,  tus relaciones,  tus necesidades,  tus gustos..? Pues bien,  todo eso pasa a un segundo o tercer plano.

Yo trabajo desde casa. Nunca estaré lo suficientemente agradecida a mi empresa por este apaño. Puedo cuidar de mi bebé sin preocuparme de cómo estará y él puede estar tranquilo conmigo. Pero no siempre es fácil. Dejas de poder organizarte porque los tiempos dejan de estar establecidos. Tienes que posponer hasta no sabes cuándo ese mail. A veces no pasa nada y alcanzas el zen y te ocupas de lo que toca en cada momento, consigues centrar tu atención en el momento presente.  Pero no siempre es así.  Y nadie te reprocha nada,  pero si te gusta tu trabajo (como es mi caso) quisieras hacer más y no pedirle a un compañero, que no está parado precisamente,  que lo haga por ti. Además,  esta solución supone estar unas 12 horas a solas con un pequeño. Maravilla y horror. Así que vas abandonando parcelas y dejas de ser lo que eras en el trabajo.

Tampoco la gente te trata igual.  De repente, dejan de llamarte tan a menudo.  O dejan de escribirte. Quizá se cansan de no poder encontrar un hueco en el que puedas atenderles.  O no quieren adaptarse a tu nuevo horario. O no quieren quedar con tu hijo. O tienen su vida y tú la tuya. La vida es eso,  encontrar gente maravillosa y, a veces,  dejarla ir cuando la vida cambia.  Pero ya tampoco puedes definirte con eso.

Tus gustos. No lees,  no vas al cine,  no viajas, no vas a conferencias,  no haces deporte, no comes tus comidas preferidas,  no estudias... Pero paseas,  redescubres la ciudad,  aprendes a jugar, aprendes a conectar con otro ser humano que está en continua evolución y te reta cada día a inventar un nuevo juego y dejas de preocuparte por si la cena la harás mejor o peor. ¿Hay comida?  Nos vale. Ya no eres la que leía novelas de X o la que hablaba sobre pelis de Y.

Así que, poco a poco, dejas de ser quien eras para transformarte en otra persona ni mejor ni peor, pero diferente. Y ahí empieza la esquizofrenia porque estás viviendo los mejores momentos de tu vida,  pero siendo otro.

Se mezclan el orgullo de oír a los demás decirte "madre" con la necesidad de escuchar tu nombre real. Ves enternecida todas tus fotos con tu bebé y te das cuenta de que ya no apareces en ninguna sola. Esquizofrenia,  revoltijo. La vida sigue, pero sin ti.

Tener un hijo es precioso,  nadie puede negarlo. Y quien no lo tiene no lo sabe.  Es como estar enamorado,  pero mucho,  muchísimo más.  Y, de la misma manera que un poco de ti cambia al enamorarte,  algo de ti sufre una metamorfosis al tener un hijo.

Dejar de ser tú para ser otro requiere una asimilación. A veces no quieres dejar tu antiguo yo y menos si el cambio requiere darte en cuerpo y alma a otro. Estas solo, asustado, sin saber cuál será el próximo paso.

Pero pronto aparecerá la mariposa. Aunque ahora todo pueda estar oscuro ahí dentro. Y ese es el coste de estar creando seda. Ese es el pequeñísimo precio de estar creando vida.




domingo, 23 de noviembre de 2014

UN PUNTO DE VISTA

Es mejor callar
y esperar el barbecho.
Pero no para siempre callarse
Solo hasta que la luz sea suficiente
para ver, si no el final de la trama,
sí al menos las caras sin trajes.

Y dejar y dejar
que hablen, tú escucha.
Ya tienes un punto
de vista ganado.

martes, 18 de noviembre de 2014

QUEBRAR

Quebrar a un niño es quebrar
la rama verde.
Se recupera, pero ya nunca
será la rama de otra manera.

Quebrar a un hombre es quebrar
a un árbol grande.
Puede morir al ser quebrado
o llevarse por delante al que lo tala.

Quebrarse a uno es quebrar
un mueble viejo.
Tal vez necesitabas más espacio,
pero estarás un tiempo
echándolo de menos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

SERÁ LO MISMO

Porque no conozco a nadie
que no sea tan normal y tan corriente.
Porque olvido los buenos propósitos
y me sigo colando en las fiestas
con un disfraz que no toca.
Porque empecé por callar lo tonto
y acabé por no decir lo interesante.
Porque ahora me voy y será lo mismo
que si nunca hubiese estado.

jueves, 13 de noviembre de 2014

HISTORIA DEL VACÍO

Cuando los astronautas van a la Luna 
conocen el vacío, 
conocen el vacío de verdad.
No hay nada y nada
es nada. Vació sin oxígeno.
Es este mundo mío oscuro y luminoso 
lleno de estrellas pero sin tiempo

PERSONAS QUE GANAN CADA DÍA

En esta sociedad en la que el fracaso está proscrito. Y todo es fracaso. No tener casa. No tener coche. No tener trabajo. No tener pareja. Estar enfermo. No tener hijos. Tener hijos. Ganar poco dinero. No tener, no poseer, no ser X.

Así las cosas, me pregunto ¿y no será todo esto una mentira? ¿Y si el fracaso, sencillamente, no existiera? 


Losers are winning, desde hace ya casi ¡10 años!, viene diciendo esto de muchas maneras. Que perder, a veces, es ganar. Y que ganando no siempre alcanzas el éxito. ¿Y qué es el éxito? Si me preguntas te respondo como si me preguntaras cuántas son 2+2: ser feliz. Estamos aquí para eso. Y ser feliz es algo muy personal y nadie puede decirte por dónde tirar. Como en La historia interminable, hay que ir eligiendo mirando dentro de ti. Esto que todos sabemos y practicamos tan poco ¿no? Escucharse. Saber lo que queremos. Las decisiones están más que tomadas ya.

En esta sección quiero contar historias de otros y que otros cuenten su historia. Su historia de éxito. De éxito de verdad de la buena. Su historia de felicidad. 


Quiero que me cuentes cómo una situación aparentemente de fracaso se convirtió en el camino a seguir. O cómo fuiste capaz de solucionar ese problema que todos daban por perdido. Cómo, en definitiva, has logrado ser feliz a tu manera.


Si quieres que tu historia aparezca aquí escribe a gloria2.gmgr@gmail.com.



photo credit: abhiomkar via photopin cc

martes, 11 de noviembre de 2014

ME ESTOY RESISTIENDO

Me estoy resistiendo,
me aferro,me agarro.
No quiero crecer y que salgan las hojas.
Y eso,querida
se nota en los huesos,
pues todo proceso requiere su tiempo, pero es imparable.
El cambio de tornas,
nuevos paradigmas en nuevos zapatos
y el viejo poso de Gloria
que pide susurrando “espera un poco“
y no se da cuenta que ya está aquí el cambio.
Así, deja que ocurra, escucha y aprende, crece flores, 
admite en tu mundo
a este mejor yo.

lunes, 27 de octubre de 2014

TE LO PLANTEAS

Recuérdame.
O vuela alto.
Y visita ciertos cientos de caminos mejores que este.
No tengo prisa,
ni tengo imagen permanente.
Cierta es la arena también
que se hunde en la profundidad del mar,
cierta es la brisa que no ves y que no hueles.
No me recuerdes.
Suelta tus brazos.
Estoy presente en cada lazo que rechazas

martes, 14 de octubre de 2014

COSAS QUE TE PIENSO

Es absurdo intentar ponerle nombre a esto.
Aprender a reconocer tu cansancio
mientras caracoleas con tu mano en alto
con esa danza que quieres enseñarme.

En ninguna parte hay palabras para esto
que es tierra y duelo
y miedo y fuerza.

Esto no es lenguaje, ni es Historia,
ni es invento de los hombres.

Te miro y lo sé:
lo poco o mucho que sabes,
tus brazos alrededor de mi cuello.
No lo sabía, pero ya entonces
estaba esperándote.

Algo de verdad sincero,
pura fibra.

Estas son, hijo mío,
las cosas que te pienso.

jueves, 2 de octubre de 2014

ELEGIR

Elegir
el camino sin farolas,
pasar tu tiempo
creciendo criaturas
escondido a oscuras.
Anónimo
como los mejores artistas
cuya labor se conoce
sin sus manos.
Alimentar contigo,
renunciar a fama,
renunciar a obras.
Ser eso
que todos aman
y nadie recuerda.

jueves, 31 de julio de 2014

SABES QUE BROMEO

Dormido en la penumbra creces, cuentas ya
con tu peso específico de ser humano.
Tal vez opinas, tal vez
conoces unas pistas 
que yo desconozco.

Pero has de saber, 
pequeño de manos grandes,
el olor de las flores y conocerlo.
Y los secretos del engaño,
aprender
a llorar cuando no miren
y otra serie de cosas bellas y feas
para tu supervivencia en este espacio
más utilitario que bonito.

viernes, 18 de abril de 2014

LA EMPATÍA Y SUS ENEMIGOS

Mamá pato es empática
Suelo entender las cosas más desde las tripas que desde el raciocinio. No es fácil, porque la razón tiene unas reglas, un manual que seguir, un abecé. Pero la intuición necesita un oído especial, un sentido arácnido, por así decirlo. La intuición es mucho más poderosa porque nos ayuda con cosas que no comprendemos. Por ejemplo, los estados de ánimo de los demás. Esa amiga a la que le ha dejado el novio, ese padre desbordado, ese marido preocupado o... ese bebé que nadie tiene ni idea de por qué narices llora.

Pero, como hemos dicho, la intuición es difícil que aflore y se necesita mucha calma para conectar con el otro yo al que quieres comprender. Por un lado es práctica, pero, por otro, hay mucho de un estado de ánimo especial. Es como agudizar el oído para escuchar un sonido muy lejano o entrecerrar los ojos para ver en la distancia. Es como mirar en el archivo de todas las emociones e intentar encontrar la que casa mejor, la que te deja en paz. Sí, tiene mucho que ver con "quedarse en paz" Lo que me quita el peso, lo que me cuadra, ahí has llegado a conectar.

Con Querubino me ocurre algo curioso: si yo siento algo, asimilo que él lo siente también, ya sea calor, hambre, sueño... Y he de decir que acierto muchas veces. Que una madre es una madre. Pero para tener esa conexión necesito escucharme a mí primero y luego a él. Si ni siquiera nuestras necesidades coinciden, entonces tengo que concentrarme más "¿qué te pasa, Querubino?" y pensar y pensar, pero, recordad, pensar "con las tripas" Y se necesita silencio, tranquilidad, ánimo.

Ánimo suelo tener incluso cuando no lo tengo, porque Querubino solo tiene seis semanas y yo soy responsable de él- Porque lo amo. Porque yo firmé un contrato con él para toda la vida.

Pero no siempre tengo silencio ni tranquilidad ¿por qué? Amigos, por lo que bien dijo Sarte: porque el infierno son los demás.

Un padre sabe perfectamente lo que su bebé necesita, pero lleva tiempo. Todo el mundo que pulula y mariposea a tu alrededor no es más que una distracción que te ralentiza en tu tarea de conectar. Porque el ruido es enemigo de la empatía. Porque la falta de empatía de los demás es el coco negro de tu propia empatía. Porque si hay más seres humanos distrayéndote de tu tarea principal con sus necesidades nunca conseguirás cubrir las del niño.

Por eso fuck you, gente. A veces sois un auténtico coñazo.

miércoles, 16 de abril de 2014

EN QUIÉN CONFÍO, A QUIÉN ME ENTREGO

Aún hay tiempo
para que tengamos que llorar el presente
como si fuera un mal estreno.
Aún hay tiempo
para no tener que arrepentirse
por no haber sabido soñar mejor y más alto.
Aún hay tiempo
para parar este preciso momento de rabia
y revestirse de luz y aire.
Aún hay tiempo y siempre hay tiempo,
estirado daría la vuelta al mundo.
Las ganas, quizá las ganas, qué hay de las ganas
Observa entonces el centro del poema
y entenderás qué quiero,
a qué dioses he encomendado mi espíritu,
en quién confío y a quién me entrego.

jueves, 10 de abril de 2014

SAD EYES Y YO


Las noches son inacabables cuando tienes un bebé de unas semanas. El día es otra cosa, porque... hay luz, sí, quizá simplemente por eso. O porque no te empeñas en dormir, así somos de cabezones.
Así que cuando cojo a mi Querubino (que no es mío, sino muy suyo) y lo paseo por casa a ver si el sueño le gana la partida, a veces me lo quedo mirando y él me mira. No siempre, ¿vale?, pero muchas veces veo en sus ojos algo más que la inteligencia inmadura de una albondiguilla mitad patata, mitad fardo cargable. Es en esos momentos en los que considero seriamente las teorías platónicas, aquellas en las que decía que ya todo lo sabíamos y al nacer se olvidaba porque el alma es muy frágil y la vida muy hostil.
Quizá en estos primeros meses de traspaso uterino-terrenal, el bebé aún sabe cosas que yo ya no sé. Y es esa mirada la que me lo cuenta. Son unos ojos tristes, resignados que, sin embargo, están aquí dispuestos a desaprender todo lo que ya supieron.