jueves, 10 de abril de 2014

SAD EYES Y YO


Las noches son inacabables cuando tienes un bebé de unas semanas. El día es otra cosa, porque... hay luz, sí, quizá simplemente por eso. O porque no te empeñas en dormir, así somos de cabezones.
Así que cuando cojo a mi Querubino (que no es mío, sino muy suyo) y lo paseo por casa a ver si el sueño le gana la partida, a veces me lo quedo mirando y él me mira. No siempre, ¿vale?, pero muchas veces veo en sus ojos algo más que la inteligencia inmadura de una albondiguilla mitad patata, mitad fardo cargable. Es en esos momentos en los que considero seriamente las teorías platónicas, aquellas en las que decía que ya todo lo sabíamos y al nacer se olvidaba porque el alma es muy frágil y la vida muy hostil.
Quizá en estos primeros meses de traspaso uterino-terrenal, el bebé aún sabe cosas que yo ya no sé. Y es esa mirada la que me lo cuenta. Son unos ojos tristes, resignados que, sin embargo, están aquí dispuestos a desaprender todo lo que ya supieron.

1 comentario:

Graciela Gil Romera dijo...

Genial! No puedo estar más de acuerdo...esto que has escrito es una de las verdades verdaderas que nos acercan al conocimiento absoluto. Si no ¿por qué iba a ser Benjamin Button tan especial?

Dale un beso al Querubino por cada perla de sabiduría que te pase.